jueves, 18 de octubre de 2007
martes, 16 de octubre de 2007
Todos los caminos llevan a Roma
No me podía concentrar para escribir bien… Con un grupo de amigos y amigas auto-denominado la “Cofradía del Eterno Gozo” nos reunimos constantemente para conversar y pasar ratos muy amenos, y nos reunimos anoche para cocinar una pasta al estilo mediterráneo. Y cuando comencé estas líneas, eso era precisamente lo que no me dejaba concentrarme, pues mi estómago me pedía comida, pero estaba esperando que llegase mi jefe a Bogotá para reunirnos a cenar. Por suerte el hotel donde me hospedo allá tiene un excelente restaurante de pastas y a pesar de prometerme a mí mismo que no comería carbohidratos en este viaje, es demasiada la tentación de pensar en pasta a corto plazo y además tratar de escribir acerca un viaje a Italia, donde obviamente la pasta es algo fundamental en el diario vivir. Y definitivamente si mi relato anterior lo terminé hablando de la pasta, sin querer he trazado un hilo conductor entre una historia y otra… Pero pensándolo bien, Colombia e Italia están íntimamente relacionadas en este relato, ya que nuestro cliente en Bogotá nos pidió que quisiera visitar otro cliente que ya estuviera utilizando todos nuestros sistemas y que fuera como un modelo en nuestra operación. Y fue así como seleccionamos una línea aérea regional italiana, con base de operaciones en Roma, que tiene un excelente crecimiento internacional y cuenta con una gran base de nuestros productos para lograr sus objetivos a corto plazo.
Además la comitiva de nuestro cliente en Bogotá era muy grande, por lo que iba a requerir que tanto mi compañero de trabajo, Ian, y yo, los acompañásemos a Roma para garantizar el éxito de la visita. Nuestros clientes fijaron las fechas para finales de abril, con tanta suerte (no se decir si mala o buena) que uno de los días era feriado en Italia y sin querer íbamos todos a tener un día libre a la fuerza en medio de la ajetreada agenda que llevábamos. Excelente oportunidad para estrechar más los lazos con nuestros clientes! Y aparte de todo esto, yo tenía que llegar por lo menos dos días antes para reunirme con el cliente italiano y conversar cuales eran las expectativas de la visita, así como verificar el buen cumplimiento de muchos detalles de logística, desde la agenda, pasando al transporte y nuestra cena de celebración en el Centro de la Ciudad Eterna.
Y aquí es donde entra en escena mi señora madre… En el 2004 me agarró un día de buen humor y me comentó que uno de sus sueños desde niña era conocer París. Y para alguien que su pasión es viajar, es comprensible que me ablandara tanto, pero que también buscara la forma más económica de mandarla de viaje, sobre todo a la Vieja Europa. Yo no la acompañaría pues ya tenía planes de volar a Egipto ese año y tampoco me hubiera gustado que viajara sola. Así que le dije “si encuentra una amiga que pague el hotel allá, entonces yo les doy el pase de aerolínea para que viajen las dos juntas y claro, le doy para la comida, el transporte, los museos, etc…. Y eso no se lo dije a ninguna sorda! En palabras de mi mamá, agarró su agenda telefónica y empezó a llamarles a todas sus amigas como que era tele-marketing, promoviendo su posible viaje a París cuando las tarifas de pase eran sumamente baratas (desde el 2006 le subieron a mas del 75% de lo que originalmente costaba)… Y entonces entró en escena Mabel. (recuérdenme publicar en el Blog el itinerario detallado que les preparé día a día, pues eso le puede servir a más de alguien en el futuro como guía y referencia!)
Mabel es originaria de San Vicente, una ciudad en el centro geográfico de El Salvador y ella estaba dispuesta a pagar por el hotel. Y junto con mi madre llegaron un domingo por la tarde a mi apartamento viejo para conversar de los planes, buscar costos de hotel y además ver la posibilidad de hacer Roma en el mismo viaje. Y fue ese domingo, hace 3 años, que buscamos hoteles en Roma, y todos los precios por noche, hasta de lo más básico, no bajaba de 125 Euros la noche (contra los 65 Euros la noche en París), por lo que quedo completamente descartado. Pero a Mabel y a mi mamá les quedó la espinita enterrada y todos los años trataban de buscar una forma económica de viajar hacia Roma y todo el tiempo el precio era prohibitivo, si consideramos el ingreso para dos señoras jubiladas con salarios percibidos en colones toda su vida y con pensiones dolarizadas a la fuerza, viviendo muchas veces de la voluntad de los hijos.
Así que mi viaje de trabajo hacia Roma calzaba a la perfección con esos planes perpetuamente frustrados. A mi me iban a pagar 5 noches de hotel, así que solo ponía el costo de dos noches más y estábamos hechos, teníamos una semana completa en Roma. Y en lo que yo estaba trabajando, ellas podían perfectamente estar paseando. Además no quería que mi mamá anduviera sola, pues ya se cansa y que Mabel viniera con nosotros me ayudaba un poco el peso de estar pendiente de ella todo el tiempo.
Hubo dos cosas muy interesantes previas a este viaje y dignas de mencionarse, ya que ambas tienen que ver con la idea de viajar en forma premonitoria.
En diciembre del 2006, estaba buscando lugares para pasar el 31 de diciembre y los que consideré más probables en su momento fueron: Buenos Aires y Montevideo, Roma (conjuntamente con mi mamá y probablemente con mi hermano y su familia) y San Francisco… Ninguno de los viajes se dio para Año Nuevo, y de hecho fue hasta finales de enero que a través de la oficina comencé a programar los viajes de trabajo a los mismos tres lugares que hubiese mencionado como una posibilidad de festejo del nuevo año.
Además la comitiva de nuestro cliente en Bogotá era muy grande, por lo que iba a requerir que tanto mi compañero de trabajo, Ian, y yo, los acompañásemos a Roma para garantizar el éxito de la visita. Nuestros clientes fijaron las fechas para finales de abril, con tanta suerte (no se decir si mala o buena) que uno de los días era feriado en Italia y sin querer íbamos todos a tener un día libre a la fuerza en medio de la ajetreada agenda que llevábamos. Excelente oportunidad para estrechar más los lazos con nuestros clientes! Y aparte de todo esto, yo tenía que llegar por lo menos dos días antes para reunirme con el cliente italiano y conversar cuales eran las expectativas de la visita, así como verificar el buen cumplimiento de muchos detalles de logística, desde la agenda, pasando al transporte y nuestra cena de celebración en el Centro de la Ciudad Eterna.
Y aquí es donde entra en escena mi señora madre… En el 2004 me agarró un día de buen humor y me comentó que uno de sus sueños desde niña era conocer París. Y para alguien que su pasión es viajar, es comprensible que me ablandara tanto, pero que también buscara la forma más económica de mandarla de viaje, sobre todo a la Vieja Europa. Yo no la acompañaría pues ya tenía planes de volar a Egipto ese año y tampoco me hubiera gustado que viajara sola. Así que le dije “si encuentra una amiga que pague el hotel allá, entonces yo les doy el pase de aerolínea para que viajen las dos juntas y claro, le doy para la comida, el transporte, los museos, etc…. Y eso no se lo dije a ninguna sorda! En palabras de mi mamá, agarró su agenda telefónica y empezó a llamarles a todas sus amigas como que era tele-marketing, promoviendo su posible viaje a París cuando las tarifas de pase eran sumamente baratas (desde el 2006 le subieron a mas del 75% de lo que originalmente costaba)… Y entonces entró en escena Mabel. (recuérdenme publicar en el Blog el itinerario detallado que les preparé día a día, pues eso le puede servir a más de alguien en el futuro como guía y referencia!)
Mabel es originaria de San Vicente, una ciudad en el centro geográfico de El Salvador y ella estaba dispuesta a pagar por el hotel. Y junto con mi madre llegaron un domingo por la tarde a mi apartamento viejo para conversar de los planes, buscar costos de hotel y además ver la posibilidad de hacer Roma en el mismo viaje. Y fue ese domingo, hace 3 años, que buscamos hoteles en Roma, y todos los precios por noche, hasta de lo más básico, no bajaba de 125 Euros la noche (contra los 65 Euros la noche en París), por lo que quedo completamente descartado. Pero a Mabel y a mi mamá les quedó la espinita enterrada y todos los años trataban de buscar una forma económica de viajar hacia Roma y todo el tiempo el precio era prohibitivo, si consideramos el ingreso para dos señoras jubiladas con salarios percibidos en colones toda su vida y con pensiones dolarizadas a la fuerza, viviendo muchas veces de la voluntad de los hijos.
Así que mi viaje de trabajo hacia Roma calzaba a la perfección con esos planes perpetuamente frustrados. A mi me iban a pagar 5 noches de hotel, así que solo ponía el costo de dos noches más y estábamos hechos, teníamos una semana completa en Roma. Y en lo que yo estaba trabajando, ellas podían perfectamente estar paseando. Además no quería que mi mamá anduviera sola, pues ya se cansa y que Mabel viniera con nosotros me ayudaba un poco el peso de estar pendiente de ella todo el tiempo.
Hubo dos cosas muy interesantes previas a este viaje y dignas de mencionarse, ya que ambas tienen que ver con la idea de viajar en forma premonitoria.
En diciembre del 2006, estaba buscando lugares para pasar el 31 de diciembre y los que consideré más probables en su momento fueron: Buenos Aires y Montevideo, Roma (conjuntamente con mi mamá y probablemente con mi hermano y su familia) y San Francisco… Ninguno de los viajes se dio para Año Nuevo, y de hecho fue hasta finales de enero que a través de la oficina comencé a programar los viajes de trabajo a los mismos tres lugares que hubiese mencionado como una posibilidad de festejo del nuevo año.
Y para hacerlo más dramático, mi mamá cuando recibió el calendario del 2007 en enero, ella comenzó a escribir cosas por hacer durante cada mes, y al detenerse en abril, anotó en abril el cumpleaños de mi sobrina Alexandra, pero también anotó el día 20 de abril como “viaje hacia Roma”. Y qué día se embarcaron mi mamá y Mabel hacia Roma? El día 19 de abril volaron hacia Nueva York, y el 21 volaron hacia Roma. Nada planeado con anterioridad, ya que yo les avisé dos semanas antes que empacaran sus maletas pues nos íbamos hacia Roma… Por algo en mi familia leen el tarot, la mano española y la mano!!!! Un sentido premonitorio increíble!
Además, así quiero viajar cuando sea grande! Gracias a Dios que mi mamá es la pensionada, pues no le bastó con ir a Roma… Mabel y ella pasaron dos noches en Nueva York; la semana conmigo en Roma; una semana en Chicago (invento de última hora de pasar conociendo, aprovechando que el avión de regreso de Europa iba a conectar ahí y que una amiga les iba a dar donde quedarse); dos semanas en San Antonio, Texas (para pasar el Día de las Madres con mi hermana e ir a la graduación del colegio de mi sobrina Alexandra) y para rematar, una semana en Miami!.... Mes y medio viajando! Que bárbaras! Y lo sorprendente es como hace para que le abunde el poquito dinero que lleva, ya que con su salario de jubilada es obvio que necesita el patrocinio de sus hijos, y como en algunos casos los padres se convierten en hijos de dominio de sus propios hijos, pues es evidente que se les asignará una cantidad limitada para el viaje, pues tampoco queremos malcriarlos ni mal acostumbrarlos. ;-)
sábado, 13 de octubre de 2007
Cartagena de Indias - EPILOGO
Y tras el paréntesis de playa y una pequeña escalada al Castillo de San Felipe, que aparte de su espectacular tamaño lo único digno de mencionarse es la vista y un guía ambulante que vendía sus servicios disfrazando a los turistas de piratas para tomarse fotos y que después de aceptar la foto no hay forma posible de desprenderse de él.
Y cayó nuevamente el atardecer y este animal nocturno sintió su energía renovada para continuar una noche más de exploración de la jungla urbana… Y continuamos nuestro tour en el Hotel Santa Clara (http://www.hotelsantaclara.com/inicio.htm) de la cadena Sofitel y que ha sido acondicionado dentro del Convento Santa Clara, destacando su carácter colonial pero con toda la sofisticación francesa. El lugar es digno no solo de conocer si no hasta de ir a comer, pero en nuestro caso, sin saberlo fuimos a dar a uno de los mejores lugares que he visitado en esa vacación: Bar El Coro, ubicado dentro del hotel, y que a las 6 de la tarde tenía un ambiente etéreo, con sus sillones blancos minimalistas de corte bajo y pequeños otomanos de colores a su alrededor. Al fondo había un cortinaje alto de colores cremas y naranjas que sin existir ninguna corriente de aire, se movían en un eterno baile dando la sensación de tranquilidad, pues era un movimiento muy suave, muy sutil. Qué mejor que iniciar la noche con un Cosmopolitan en mano y música Chill-Out (el género tranquilo o ambiental de la música electrónica, que descubriera “allá en París” en el Budha Bar, luego en Santorini y en Barcelona. Ese para mi era el verdadero paraíso. Música del mundo, nada de gente a esa hora, el lugar únicamente para nosotros, en una estructura colonial, donde a lo mejor las monjas cantaban el Coro durante la ceremonia dominical. Como dije antes, todo es cuestión de gustos.
La hora de la cena llegó y tratamos de conseguir mesa en el Restaurante San Pedro, en la Plaza de San Pedro Claver, donde nuestro amigo Julio Marenco había recomendado cenar un salmón a la mandarina, el cual nos quedamos con las ganas de probar ya que muy ilusamente no habíamos hecho reservación, más sin embargo nos ofrecieron acomodarnos en el sushi bar con el que cuenta el mismo restaurante en un lateral, pero cuyo menú es muy diferente y donde no se puede ordenar el afamado salmón. Era como una continuación a nuestra experiencia Chill-Out ya que era la música que llenaba el ambiente, y la decoración sumamente fastuosa, entre turca, marroquí o arabesca, y donde concluimos con Sandra que el efecto llamado globalización ha marcado tanto nuestra sociedad moderna que estábamos en un restaurante llamado San Pedro, en el sushi bar, cuyo menú consistía en delicias japonesas o paninis italianos, sentados en sillas arabescas, con una decoración roja con inscripciones japonesas, unos pescados rústicos colgados de la pared (que sinceramente no tenían nada que hacer ahí) y viendo una ciudad colonia a través de las ventanas, escuchando música hindú o tango electrónico…. Su servidor cenó unos sushi rolls y Sandra un panini italiano, y había caído nuevamente la noche… Y como queríamos evitar sorpresas ante los lugares que ya habían enriquecido nuestros sentidos desde las 6 de la tarde, decidimos regresar al Coro Bar, donde nos habían dicho que un bar bogotano llamado Sirocco, tenía la administración especial del lugar solamente por Semana Santa o por algunos meses en el verano, así que tenían DJ’s traídos de Bogotá para amenizar la fiesta. Y creo que se cumplió nuestro cometido, pues a cierta hora cerraron las puertas del Coro Bar y el lugar se convirtió en una discoteca donde la gente bailaba donde podía al ritmo de música electrónica muy bien mezclada y al calor de las cervezas Peroni, lo único disponible parecido a la Heineken y que consideré como una premonición para mi siguiente viaje que se realizaría 15 días más tarde.
El domingo es del Señor y es para descansar, o por lo menos el Todopoderoso con su fuerza natural nos mandó una tormenta tropical y torrencial que nos obligó a quedarnos en la habitación viendo casi completa la película Titanic (acuérdense que dura 4 horas) y que la mínima expresión del ser (como dice Douglas) se hubiese quedado satisfecha si la pobre tripa no hubiera llorado desconsolada pidiendo algo de comer, lo que nos obligó ir nuevamente al Centro Histórico, donde la misma lluvia nos obligó a entrar el primer restaurante que vimos llamado “L’Enoteca”. Teniendo el nombre de uno de mis lugares favoritos en San Salvador y pensando en una pasta de mariscos al estilo de “La Dolce Vita” en el Puerto de La Libertad en El Salvador, y además viendo aquel jardín iluminado por cientos de luces colgantes, la experiencia podría haber sido más grata. Pero la verdad me quedo con La Enoteca y la pasta de mariscos del Puerto que no le tienen nada que envidiar a ninguna parte del mundo, tal vez exceptuando a la Isla de Capri en Italia.
Como dije antes, la comida en Cartagena me decepcionó, sobre todo los mariscos, y a lo mejor no encontramos el lugar adecuado para los apetitos mal acostumbrados a lo que muchas veces tenemos en nuestras narices y que vemos con nuevos ojos al comparar con experiencias en el extranjero que pensamos serán más gratas.
Y así concluyó nuestra vacación en Cartagena. Tal vez sonará soso el final, pero la ciudad nos demostró su encanto nocturno y su aburrimiento diurno, con lo cual mi veredicto apunta a que es el lugar más adecuado para Congresos y Seminarios, donde uno pasa encerrado todo el día en aire acondicionado y se explora junto con los lobos lo que la noche puede deparar. Todo es cuestión de gustos. Y para un animal nocturno cuyo intelecto se agudiza durante la ausencia de luz solar, Cartagena de Indias pasará a la historia como la mejor experiencia Chill-Out y Electrónica que hasta el momento he encontrado dentro de todo el Continente Americano.
EPILOGO:
Tengo la teoría que en cualquier ciudad que uno explore se debe ubicar lo que he llamado “el Mai Thai local”. Mai Thai en San Salvador, como mencioné antes, es uno de mis lugares favoritos en San Salvador y es fácil encontrarme… Si me quieren buscar, vayan a Mai Thai en Multiplaza y ahí nos ponemos al día de lo que acontece en nuestras vidas.
Bueno la teoría del Mai Thai local es encontrar un lugar con música Chill Out, decoración minimalista, luces indirectas de colores y sobre todo muy buen ambiente… En mis múltiples viajes a Bogotá nunca había encontrado mi Mai Thai local, hasta que gracias a Cartagena de Indias pude encontrar Sirocco Bar (http://www.sciroccobar.com/home/home.aspx) ubicado en el corazón de la Zona Rosa bogotana, donde tuve la oportunidad de ir mi última noche de ese viaje a Colombia, al final de mi jornada de trabajo, ya con Sandra de regreso en El Salvador y con sus trencitas deshechas… Eso es vida, una pequeña recompensa tras una semana de reuniones corporativas para poder sacar la personalidad animal nocturna pensante dentro de un disfraz de bohemio chic.
Busquen su Mai Thai local.
Ciao ! Proximamente… TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A ROMA !
Y cayó nuevamente el atardecer y este animal nocturno sintió su energía renovada para continuar una noche más de exploración de la jungla urbana… Y continuamos nuestro tour en el Hotel Santa Clara (http://www.hotelsantaclara.com/inicio.htm) de la cadena Sofitel y que ha sido acondicionado dentro del Convento Santa Clara, destacando su carácter colonial pero con toda la sofisticación francesa. El lugar es digno no solo de conocer si no hasta de ir a comer, pero en nuestro caso, sin saberlo fuimos a dar a uno de los mejores lugares que he visitado en esa vacación: Bar El Coro, ubicado dentro del hotel, y que a las 6 de la tarde tenía un ambiente etéreo, con sus sillones blancos minimalistas de corte bajo y pequeños otomanos de colores a su alrededor. Al fondo había un cortinaje alto de colores cremas y naranjas que sin existir ninguna corriente de aire, se movían en un eterno baile dando la sensación de tranquilidad, pues era un movimiento muy suave, muy sutil. Qué mejor que iniciar la noche con un Cosmopolitan en mano y música Chill-Out (el género tranquilo o ambiental de la música electrónica, que descubriera “allá en París” en el Budha Bar, luego en Santorini y en Barcelona. Ese para mi era el verdadero paraíso. Música del mundo, nada de gente a esa hora, el lugar únicamente para nosotros, en una estructura colonial, donde a lo mejor las monjas cantaban el Coro durante la ceremonia dominical. Como dije antes, todo es cuestión de gustos.
La hora de la cena llegó y tratamos de conseguir mesa en el Restaurante San Pedro, en la Plaza de San Pedro Claver, donde nuestro amigo Julio Marenco había recomendado cenar un salmón a la mandarina, el cual nos quedamos con las ganas de probar ya que muy ilusamente no habíamos hecho reservación, más sin embargo nos ofrecieron acomodarnos en el sushi bar con el que cuenta el mismo restaurante en un lateral, pero cuyo menú es muy diferente y donde no se puede ordenar el afamado salmón. Era como una continuación a nuestra experiencia Chill-Out ya que era la música que llenaba el ambiente, y la decoración sumamente fastuosa, entre turca, marroquí o arabesca, y donde concluimos con Sandra que el efecto llamado globalización ha marcado tanto nuestra sociedad moderna que estábamos en un restaurante llamado San Pedro, en el sushi bar, cuyo menú consistía en delicias japonesas o paninis italianos, sentados en sillas arabescas, con una decoración roja con inscripciones japonesas, unos pescados rústicos colgados de la pared (que sinceramente no tenían nada que hacer ahí) y viendo una ciudad colonia a través de las ventanas, escuchando música hindú o tango electrónico…. Su servidor cenó unos sushi rolls y Sandra un panini italiano, y había caído nuevamente la noche… Y como queríamos evitar sorpresas ante los lugares que ya habían enriquecido nuestros sentidos desde las 6 de la tarde, decidimos regresar al Coro Bar, donde nos habían dicho que un bar bogotano llamado Sirocco, tenía la administración especial del lugar solamente por Semana Santa o por algunos meses en el verano, así que tenían DJ’s traídos de Bogotá para amenizar la fiesta. Y creo que se cumplió nuestro cometido, pues a cierta hora cerraron las puertas del Coro Bar y el lugar se convirtió en una discoteca donde la gente bailaba donde podía al ritmo de música electrónica muy bien mezclada y al calor de las cervezas Peroni, lo único disponible parecido a la Heineken y que consideré como una premonición para mi siguiente viaje que se realizaría 15 días más tarde.
El domingo es del Señor y es para descansar, o por lo menos el Todopoderoso con su fuerza natural nos mandó una tormenta tropical y torrencial que nos obligó a quedarnos en la habitación viendo casi completa la película Titanic (acuérdense que dura 4 horas) y que la mínima expresión del ser (como dice Douglas) se hubiese quedado satisfecha si la pobre tripa no hubiera llorado desconsolada pidiendo algo de comer, lo que nos obligó ir nuevamente al Centro Histórico, donde la misma lluvia nos obligó a entrar el primer restaurante que vimos llamado “L’Enoteca”. Teniendo el nombre de uno de mis lugares favoritos en San Salvador y pensando en una pasta de mariscos al estilo de “La Dolce Vita” en el Puerto de La Libertad en El Salvador, y además viendo aquel jardín iluminado por cientos de luces colgantes, la experiencia podría haber sido más grata. Pero la verdad me quedo con La Enoteca y la pasta de mariscos del Puerto que no le tienen nada que envidiar a ninguna parte del mundo, tal vez exceptuando a la Isla de Capri en Italia.
Como dije antes, la comida en Cartagena me decepcionó, sobre todo los mariscos, y a lo mejor no encontramos el lugar adecuado para los apetitos mal acostumbrados a lo que muchas veces tenemos en nuestras narices y que vemos con nuevos ojos al comparar con experiencias en el extranjero que pensamos serán más gratas.
Y así concluyó nuestra vacación en Cartagena. Tal vez sonará soso el final, pero la ciudad nos demostró su encanto nocturno y su aburrimiento diurno, con lo cual mi veredicto apunta a que es el lugar más adecuado para Congresos y Seminarios, donde uno pasa encerrado todo el día en aire acondicionado y se explora junto con los lobos lo que la noche puede deparar. Todo es cuestión de gustos. Y para un animal nocturno cuyo intelecto se agudiza durante la ausencia de luz solar, Cartagena de Indias pasará a la historia como la mejor experiencia Chill-Out y Electrónica que hasta el momento he encontrado dentro de todo el Continente Americano.
EPILOGO:
Tengo la teoría que en cualquier ciudad que uno explore se debe ubicar lo que he llamado “el Mai Thai local”. Mai Thai en San Salvador, como mencioné antes, es uno de mis lugares favoritos en San Salvador y es fácil encontrarme… Si me quieren buscar, vayan a Mai Thai en Multiplaza y ahí nos ponemos al día de lo que acontece en nuestras vidas.
Bueno la teoría del Mai Thai local es encontrar un lugar con música Chill Out, decoración minimalista, luces indirectas de colores y sobre todo muy buen ambiente… En mis múltiples viajes a Bogotá nunca había encontrado mi Mai Thai local, hasta que gracias a Cartagena de Indias pude encontrar Sirocco Bar (http://www.sciroccobar.com/home/home.aspx) ubicado en el corazón de la Zona Rosa bogotana, donde tuve la oportunidad de ir mi última noche de ese viaje a Colombia, al final de mi jornada de trabajo, ya con Sandra de regreso en El Salvador y con sus trencitas deshechas… Eso es vida, una pequeña recompensa tras una semana de reuniones corporativas para poder sacar la personalidad animal nocturna pensante dentro de un disfraz de bohemio chic.
Busquen su Mai Thai local.
Ciao ! Proximamente… TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A ROMA !
martes, 9 de octubre de 2007
domingo, 7 de octubre de 2007
Trenzas en la playa - Cartagena
El Sábado de Gloria no fue exactamente espectacular. Fue un día de playa, con muchos veraneantes, sol, calor, arena, vendedores ambulantes y un pequeño campamento armado en la playa, donde no nos habíamos terminado de sentar, cuando aparecieron “las mulatas”.
Para continuar mi historia, voy a extraer un pequeño párrafo de un correo electrónico que recibí de Enrique, un amigo colombiano que radica en El Salvador: “Espero que a tu amiga no la haya dado por hacerse las trenzas en la playa con esas mulatas que acosan de una manera sofocante y perversa.”
Para continuar mi historia, voy a extraer un pequeño párrafo de un correo electrónico que recibí de Enrique, un amigo colombiano que radica en El Salvador: “Espero que a tu amiga no la haya dado por hacerse las trenzas en la playa con esas mulatas que acosan de una manera sofocante y perversa.”
Bueno Enrique, demasiado tarde para la advertencia. Sandra si cayó en las manos de las mulatas… Llegaron con el cuento de “han de estar cansados, les damos la prueba de un masaje relajante en las piernas”, y yo no me dejé pero me acosaban a cada rato diciéndome que accediera, a lo que mi respuesta era “no me gusta que me toquen” y como Sandra les dijo que si, pues se terminó haciendo las mil y un trencitas, donde el negocio no está en las trenzas si no en las bolitas de colores que utilizan para sostenerlas, donde te ponen la mayor cantidad posible para sacar su negocio… Sandra al final me dijo pues que estaba contribuyendo a la economía local y para ser sincero quedó sumamente relajado por el masaje y no tuvo que preocuparse en retocarse el pelo ni en la humedad del ambiente ni en nada que pudiese distraerla de solamente pasarla bien.
martes, 2 de octubre de 2007
La Rumba Cartagenera 2: Cafe del Mar y anotaciones de la musica electronica
Lo malo de ser animal de la noche es que no se puede estar uno quieto por mucho tiempo en un mismo lugar, y aprovechando el efecto diurético de la cerveza (ya que el baño quedaba en la entrada del lugar, en la calle, al bajar los mil escalones y las dos rampas), pedimos la cuenta y proseguimos nuestro recorrido urbano sobre la Calle del Arsenal… A nuestra derecha todo tipo de bares y restaurantes y a nuestra izquierda la calle, donde pasaban cada dos minutos las Chivas Cartageneras con sus discotecas caminantes, del mismo lado izquierdo un pequeño malecón que mostraba la Bahía y las luces de Bocagrande asemejando un pequeño Manhattan.
Eran las 10 de la noche y nosotros caminábamos con dirección hacia el Centro histórico y a nuestra derecha apareció el Bar “Mister Babilla”, en el cual había estado en su local de Bogotá allá por 1997 y que fue la primera vez en mi vida donde viera a la gente bailando encima de las mesas después de cenar, ya al calor de la música y de los tragos… Pero en el caso del Mister Babilla de Cartagena era demasiado temprano y no se observaba ni un alma a través de las ventanas, por lo que decidimos no pagar el cover de aproximadamente 10 dólares, pues además queríamos ir a otro bar situado en otro baluarte de la ciudad…
Y para llegar ahí atravesamos prácticamente todo el Barrio de Getsemaní y todo el Centro Histórico, y valga decir que para caminar a esas horas, nunca nos sentimos ni amenazados ni con miedo que algo nos fuera a pasar. La ciudad es sumamente segura. Además las calles estaban llenas de todos los paganos que habíamos salido a explorar la noche en pleno Viernes Santo (se terminó la “Pachanga Santa” nos dijo un transeúnte local durante nuestra última noche de estadía el domingo). Y tras una caminata de unos 15 minutos que nos trasladó a San Pedro Claver y luego nuevamente a escalar las murallas de la ciudad, nos encontramos con nuestro segundo y último destino de la noche: Café del Mar.
Café del Mar es el nombre de un famoso bar en Ibiza (Islas Baleares, España), famoso por su música ambiental y ese ambiente Chill-Out al atardecer que hace de todo un magno evento la experiencia de tomarse un trago. Pero el Café del Mar en Cartagena no tiene nada que ver con el de Ibiza, solamente es un préstamo de nombre pero tiene un concepto muy similar…( http://www.cafedelmarcolombia.com ).
Está ubicado en el Baluarte de Santo Domingo y es el punto local donde nos resultó evidente que llega toda la gente bonita de Cartagena…
Llegamos a las 10:30 de la noche y tras pagar un cover de 5 dólares, encontramos rápidamente unos sillones muy cómodos justamente en la entrada, así que de un lado teníamos la vista de los tejados y monumentos iluminados de Cartagena y del otro una pantalla gigante donde aparecían videos de música electrónica, y todo esto también al aire libre. Pero lo mejor de nuestra ubicación era que teníamos enfrente la entrada, donde nos podíamos dar cuenta de todo lo que estaba pasando, y como a medida que avanzaba la noche, era mucho más difícil entrar sin tener algún conocido adentro, aunque después de un rato de espera, si la persona no se había desesperado, siempre lo dejaban entrar. Y no era por control de capacidad del lugar, el cual era enorme y no creo que nunca se llenó a su completa capacidad, si no más bien como un control de calidad y un pequeño show para crear un aire de exclusividad.
Y caso contrario a El Salvador, había gente de todas las edades y nadie parecía fuera de lugar. La música era netamente electrónica, de DJ’s (Armin van Buuren, Tiesto, ATB) y había un “dance floor” enfrente de la pantalla gigante, y había mucha gente bailando. Nosotros no bailábamos, pues estábamos muy cómodos en nuestros sillones al aire libre, viendo entrar y pasar a todo tipo de gente, y viendo además un desfile de modas de verano sumamente impresionante, con mi sueño hecho realidad de una ciudad tropical y elegante al mismo tiempo, con sus blancos, sus alpargatas, sandalias y colores pasteles sin la pre-concepción del qué dirán o el debate entre ser hippie o bohemio-chic… Sencillamente una ciudad aclimatada a su realidad de trópico y playa.
Y fue al calor de la Fiesta electrónica y cuando salieron las “Go-Go Dancers” a la pista para animar a toda la audiencia a sumarse a la fiesta, cuando Sandra me hizo la pregunta de la noche: (no, no me cayó, era una pregunta más válida)… Cómo es esta onda de la música electrónica?
La pregunta me agarró en curva y mi reacción inmediata fue asumir qué tipo de pregunta era esa, ya que sentía en ese momento para mí que era obvio para todo mundo lo que era la música electrónica… Y así mismo le dije: “qué tipo de pregunta es esa???”, a lo que me dijo: “Niño, solo estoy tratando de entender como es la onda acá, ya que yo todas las canciones las oigo iguales. Es como el PULUM PULUM del Puerto de la Libertad, solo que acá es POM POM POM al fondo de cada canción, y como veo que todo mundo parece saber de que se trata, por lo menos en este lugar, por eso quiero saber qué es”.
Sandra me hacía una pregunta muy lógica y el concepto abstracto de la música electrónica puede ser tema de un blog en sí mismo, el cual más adelante probablemente lo expanda, pero en ese momento le di la respuesta corta: “Los Disc Jockeys agarran la música de otra persona y la unen en una sola pista a través de sonidos electrónicos mezclados por computadora, y hay de dos tipos, bailables y escuchables, pero al final todo es de fondo”. No se si estas respuestas son generadas por la influencia de la noche o el alcohol en si, pero Sandra no quedó muy convencida con mi respuesta (así como muchos de ustedes tampoco lo estarán), y de todas formas no había mucho que hacer pues el POM POM POM continuó toda la noche, o al menos hasta que el cuerpo nos pidió que ya era de dormir, que tampoco puede ser tan tarde cuando ya falta poquito para cumplir los cuarenta! Y antes de salir también Sandra mencionó que las “Go-Go Dancers parecían sacadas de una clase de aeróbicos pues daban los mismos pasos una y otra vez, lo cual también era cierto. Y así nos retiramos a nuestro hotel.
Eran las 10 de la noche y nosotros caminábamos con dirección hacia el Centro histórico y a nuestra derecha apareció el Bar “Mister Babilla”, en el cual había estado en su local de Bogotá allá por 1997 y que fue la primera vez en mi vida donde viera a la gente bailando encima de las mesas después de cenar, ya al calor de la música y de los tragos… Pero en el caso del Mister Babilla de Cartagena era demasiado temprano y no se observaba ni un alma a través de las ventanas, por lo que decidimos no pagar el cover de aproximadamente 10 dólares, pues además queríamos ir a otro bar situado en otro baluarte de la ciudad…
Y para llegar ahí atravesamos prácticamente todo el Barrio de Getsemaní y todo el Centro Histórico, y valga decir que para caminar a esas horas, nunca nos sentimos ni amenazados ni con miedo que algo nos fuera a pasar. La ciudad es sumamente segura. Además las calles estaban llenas de todos los paganos que habíamos salido a explorar la noche en pleno Viernes Santo (se terminó la “Pachanga Santa” nos dijo un transeúnte local durante nuestra última noche de estadía el domingo). Y tras una caminata de unos 15 minutos que nos trasladó a San Pedro Claver y luego nuevamente a escalar las murallas de la ciudad, nos encontramos con nuestro segundo y último destino de la noche: Café del Mar.
Café del Mar es el nombre de un famoso bar en Ibiza (Islas Baleares, España), famoso por su música ambiental y ese ambiente Chill-Out al atardecer que hace de todo un magno evento la experiencia de tomarse un trago. Pero el Café del Mar en Cartagena no tiene nada que ver con el de Ibiza, solamente es un préstamo de nombre pero tiene un concepto muy similar…( http://www.cafedelmarcolombia.com ).
Está ubicado en el Baluarte de Santo Domingo y es el punto local donde nos resultó evidente que llega toda la gente bonita de Cartagena…
Llegamos a las 10:30 de la noche y tras pagar un cover de 5 dólares, encontramos rápidamente unos sillones muy cómodos justamente en la entrada, así que de un lado teníamos la vista de los tejados y monumentos iluminados de Cartagena y del otro una pantalla gigante donde aparecían videos de música electrónica, y todo esto también al aire libre. Pero lo mejor de nuestra ubicación era que teníamos enfrente la entrada, donde nos podíamos dar cuenta de todo lo que estaba pasando, y como a medida que avanzaba la noche, era mucho más difícil entrar sin tener algún conocido adentro, aunque después de un rato de espera, si la persona no se había desesperado, siempre lo dejaban entrar. Y no era por control de capacidad del lugar, el cual era enorme y no creo que nunca se llenó a su completa capacidad, si no más bien como un control de calidad y un pequeño show para crear un aire de exclusividad.
Y caso contrario a El Salvador, había gente de todas las edades y nadie parecía fuera de lugar. La música era netamente electrónica, de DJ’s (Armin van Buuren, Tiesto, ATB) y había un “dance floor” enfrente de la pantalla gigante, y había mucha gente bailando. Nosotros no bailábamos, pues estábamos muy cómodos en nuestros sillones al aire libre, viendo entrar y pasar a todo tipo de gente, y viendo además un desfile de modas de verano sumamente impresionante, con mi sueño hecho realidad de una ciudad tropical y elegante al mismo tiempo, con sus blancos, sus alpargatas, sandalias y colores pasteles sin la pre-concepción del qué dirán o el debate entre ser hippie o bohemio-chic… Sencillamente una ciudad aclimatada a su realidad de trópico y playa.
Y fue al calor de la Fiesta electrónica y cuando salieron las “Go-Go Dancers” a la pista para animar a toda la audiencia a sumarse a la fiesta, cuando Sandra me hizo la pregunta de la noche: (no, no me cayó, era una pregunta más válida)… Cómo es esta onda de la música electrónica?
La pregunta me agarró en curva y mi reacción inmediata fue asumir qué tipo de pregunta era esa, ya que sentía en ese momento para mí que era obvio para todo mundo lo que era la música electrónica… Y así mismo le dije: “qué tipo de pregunta es esa???”, a lo que me dijo: “Niño, solo estoy tratando de entender como es la onda acá, ya que yo todas las canciones las oigo iguales. Es como el PULUM PULUM del Puerto de la Libertad, solo que acá es POM POM POM al fondo de cada canción, y como veo que todo mundo parece saber de que se trata, por lo menos en este lugar, por eso quiero saber qué es”.
Sandra me hacía una pregunta muy lógica y el concepto abstracto de la música electrónica puede ser tema de un blog en sí mismo, el cual más adelante probablemente lo expanda, pero en ese momento le di la respuesta corta: “Los Disc Jockeys agarran la música de otra persona y la unen en una sola pista a través de sonidos electrónicos mezclados por computadora, y hay de dos tipos, bailables y escuchables, pero al final todo es de fondo”. No se si estas respuestas son generadas por la influencia de la noche o el alcohol en si, pero Sandra no quedó muy convencida con mi respuesta (así como muchos de ustedes tampoco lo estarán), y de todas formas no había mucho que hacer pues el POM POM POM continuó toda la noche, o al menos hasta que el cuerpo nos pidió que ya era de dormir, que tampoco puede ser tan tarde cuando ya falta poquito para cumplir los cuarenta! Y antes de salir también Sandra mencionó que las “Go-Go Dancers parecían sacadas de una clase de aeróbicos pues daban los mismos pasos una y otra vez, lo cual también era cierto. Y así nos retiramos a nuestro hotel.
viernes, 28 de septiembre de 2007
La Rumba Cartagenera: Palos de Moguer
Es increíble, pero mi laptop no ha estado tan moribunda como yo pensaba… Me ha acompañado a Bogotá, luego a Panamá y además me ha ayudado a sacar mucho trabajo de oficina y este es el cuarto artículo acerca de Colombia… No estaba muerta, andaba de parranda junto a su dueño… Pero la realidad es que ya llegó la nueva, pero claro el mundo corporativo tiene su burocracia y sus procesos… Como para que no me quejara más y como todo mundo se queja del “Common Office Environment de Toshiba, recibí una flamante Hewlett-Packard , la cual esta mañana no se dejó instalar el ambiente común corporativo, con lo cual sigo trabajando con la misma computadora hasta que el Departamento técnico averigüe que le pasa a la nueva que no acepta la configuración inicial.
Pero mientras eso sucede, mi laptop y yo estamos acá en medio de la noche acercándonos un poco más y luchando contra la irremediable separación. Y es en medio de la noche donde mis pensamientos son más claros, mis sentimientos son más nobles y mis ideas son más creativas… Seré un animal de la noche?
Hay gente diurna y hay gente nocturna… Yo me considero netamente nocturno.
Puedo estar en una sesión de trabajo a las 7:00 de la mañana en punto, pero mi cerebro no va a estar a su máxima capacidad… “I’m not a morning person”. Es a partir del atardecer, que las ideas surgen y florecen y la creatividad es liberada en su máxima expresión.
Siendo animal de la noche, es obvio que me fascine la vida urbana nocturna que cualquier parte del planeta pueda ofrecer… Me han preguntado muchas veces de donde saco la energía nocturna? Dormir poco, pensar mucho… Todo se llama balance de vida… No todo es trabajo, y no todo es parranda… Hay momento para todo. El éxito en la vida radica en esa capacidad para poder nivelar lo profesional con lo personal… Y las vacaciones son parte de esa nivelación. Pero si en las vacaciones, el paseo diurno no fue el que te imaginabas, obviamente en mi caso, el nocturno lo va a compensar… Pues la luna llena, las luces de neón, las sombras de la noche, son las baterías necesarias para un animal nocturno pueda cargarse de energía…
Y Cartagena de Indias se transforma por completo durante la noche. La ciudad en sí es un animal nocturno, con sus calles empedradas cubiertas por las sombras, pero iluminadas por pequeños faroles que imitan épocas de antaño; la ciudad cobra vida…. El día es demasiado caluroso, creando una ausencia de gente en la calle que es agobiante… Pero la noche trae una brisa marina misteriosa, refrescante y el Caribe que no pude ver en las Islas del Rosario apareció en la forma de una ciudad cosmopolita que tiene de todo y para todos… Y la ciudad se llena de música, marcando compases en cada esquina, con Ballenato, Shakira, cumbia, Juanes, merengue, salsa, electrónico, y todo tipo de género asomándose de casas, bares y restaurantes en una invitación a explorar lo bello que es vivir de noche.
Ya limpios, bañados, perfumados, con sandalias y pantalones blancos, tomamos un taxi hacia el primer punto que habíamos descubierto para nuestra incursión nocturna: Palos de Moguer (http://www.palosdemoguer.com/HTML/ESP/Sitios/Cartagena/cartagena.htm).
Luego aprendí que esta es sucursal de una Casa Cervecera establecida en 1997 en Cali y que tiene planes de expansión muy fuertes a nivel internacional. Ellos hacen su propia cerveza casera de marca “Colón”, con cuatro opciones: Negra (brown ale), Light (kolsch), Rubia (golden ale) y Roja (pale ale) y algunas otras variedades dependiendo de la temporada… Pero en Cartagena lo que nos atrajo ir ahí no fue la cerveza si no la ubicación del lugar: en el Baluarte el Reducto, de lo que son las Murallas del Centro Histórico… Para ubicarlos un poco más… Durante la época de la Colonia, en muchas ciudades del continente americano se hicieron murallas que tenían en sus esquinas ciertos puestos de observación que eran clave para la protección de la ciudad. Estas esquinas tienen una forma pentagonal y fueron diseñadas apuntando la defensa de la ciudad en caso de un ataque por tierra o mar. Las murallas de Cartagena son relativamente altas, por lo menos de dos a tres pisos de altura, lo cual daba una vista muy extensa hacia el horizonte y dificultaba un ataque a la ciudad al cerrar sus puertas ante posibles piratas o corsarios…. Y es ahí exactamente donde se encuentra Palos de Moguer, en la propia esquina del Barrio Getsemaní, al final de la Calle del Arsenal (donde en línea recta hay cualquier cantidad de restaurantes, bares y discotecas para pasar de lugar en lugar toda la noche).
Como el Baluarte queda en alto y es un murallas de piedra sólida, para entrar a Palos de Moguer se tiene que subir una rampa muy pronunciada y no les cuento la cantidad exorbitante de gradas y escaleras, pero llegar hasta ahí nos premia con uno de los mejores espectáculos imaginables en la vida: una vista integral de la Cartagena nocturna, con sus monumentos e iglesias iluminados, la luna acariciando las olas en la bahía y los edificios de Bocagrande haciendo contraste entre lo antiguo y lo moderno.
El lugar es abierto, al aire libre, y no existe el concepto de un mal asiento, pues la vista desde cualquier parte del lugar es la misma: De un lado se observa el muy iluminado Puente Román, que conecta el Centro con la península de la Manga atravesando la Bahía de las Ánimas; a su derecha el impresionante y también muy bien iluminado Castillo de San Felipe, que pareciera más una pirámide azteca que una estructura colonial por descomunal aspecto de Teotihuacan; enfrente el Barrio de Getsemaní y el Centro de Convenciones; y al fondo, las cúpulas iluminadas de la Catedral, San Pedro Claver y muchas otras iglesias y estructuras, iluminación que magnifica el hecho de que la ciudad es patrimonio de la humanidad, por lo cual debe lucir sus mejores galas también durante la noche. Y si a eso le agregamos la deliciosa brisa marina, el solo hecho de estar al fresco, más el mobiliario minimalista, con sillones blancos y un DJ programando música del momento, definitivamente no había un mejor lugar para comenzar nuestra noche de rumba cartagenera.
La comida no fue muy impresionante que se diga, pero las cervezas caseras estaban espectaculares. La cena consistió en calamares y camarones empanizados, así como otros moluscos que aún no logro identificar. Pero aparentemente la especialidad del lugar son los wraps, algo cuyos comentarios les debo pues sinceramente no probé.
Pero mientras eso sucede, mi laptop y yo estamos acá en medio de la noche acercándonos un poco más y luchando contra la irremediable separación. Y es en medio de la noche donde mis pensamientos son más claros, mis sentimientos son más nobles y mis ideas son más creativas… Seré un animal de la noche?
Hay gente diurna y hay gente nocturna… Yo me considero netamente nocturno.
Puedo estar en una sesión de trabajo a las 7:00 de la mañana en punto, pero mi cerebro no va a estar a su máxima capacidad… “I’m not a morning person”. Es a partir del atardecer, que las ideas surgen y florecen y la creatividad es liberada en su máxima expresión.
Siendo animal de la noche, es obvio que me fascine la vida urbana nocturna que cualquier parte del planeta pueda ofrecer… Me han preguntado muchas veces de donde saco la energía nocturna? Dormir poco, pensar mucho… Todo se llama balance de vida… No todo es trabajo, y no todo es parranda… Hay momento para todo. El éxito en la vida radica en esa capacidad para poder nivelar lo profesional con lo personal… Y las vacaciones son parte de esa nivelación. Pero si en las vacaciones, el paseo diurno no fue el que te imaginabas, obviamente en mi caso, el nocturno lo va a compensar… Pues la luna llena, las luces de neón, las sombras de la noche, son las baterías necesarias para un animal nocturno pueda cargarse de energía…
Y Cartagena de Indias se transforma por completo durante la noche. La ciudad en sí es un animal nocturno, con sus calles empedradas cubiertas por las sombras, pero iluminadas por pequeños faroles que imitan épocas de antaño; la ciudad cobra vida…. El día es demasiado caluroso, creando una ausencia de gente en la calle que es agobiante… Pero la noche trae una brisa marina misteriosa, refrescante y el Caribe que no pude ver en las Islas del Rosario apareció en la forma de una ciudad cosmopolita que tiene de todo y para todos… Y la ciudad se llena de música, marcando compases en cada esquina, con Ballenato, Shakira, cumbia, Juanes, merengue, salsa, electrónico, y todo tipo de género asomándose de casas, bares y restaurantes en una invitación a explorar lo bello que es vivir de noche.
Ya limpios, bañados, perfumados, con sandalias y pantalones blancos, tomamos un taxi hacia el primer punto que habíamos descubierto para nuestra incursión nocturna: Palos de Moguer (http://www.palosdemoguer.com/HTML/ESP/Sitios/Cartagena/cartagena.htm).
Luego aprendí que esta es sucursal de una Casa Cervecera establecida en 1997 en Cali y que tiene planes de expansión muy fuertes a nivel internacional. Ellos hacen su propia cerveza casera de marca “Colón”, con cuatro opciones: Negra (brown ale), Light (kolsch), Rubia (golden ale) y Roja (pale ale) y algunas otras variedades dependiendo de la temporada… Pero en Cartagena lo que nos atrajo ir ahí no fue la cerveza si no la ubicación del lugar: en el Baluarte el Reducto, de lo que son las Murallas del Centro Histórico… Para ubicarlos un poco más… Durante la época de la Colonia, en muchas ciudades del continente americano se hicieron murallas que tenían en sus esquinas ciertos puestos de observación que eran clave para la protección de la ciudad. Estas esquinas tienen una forma pentagonal y fueron diseñadas apuntando la defensa de la ciudad en caso de un ataque por tierra o mar. Las murallas de Cartagena son relativamente altas, por lo menos de dos a tres pisos de altura, lo cual daba una vista muy extensa hacia el horizonte y dificultaba un ataque a la ciudad al cerrar sus puertas ante posibles piratas o corsarios…. Y es ahí exactamente donde se encuentra Palos de Moguer, en la propia esquina del Barrio Getsemaní, al final de la Calle del Arsenal (donde en línea recta hay cualquier cantidad de restaurantes, bares y discotecas para pasar de lugar en lugar toda la noche).
Como el Baluarte queda en alto y es un murallas de piedra sólida, para entrar a Palos de Moguer se tiene que subir una rampa muy pronunciada y no les cuento la cantidad exorbitante de gradas y escaleras, pero llegar hasta ahí nos premia con uno de los mejores espectáculos imaginables en la vida: una vista integral de la Cartagena nocturna, con sus monumentos e iglesias iluminados, la luna acariciando las olas en la bahía y los edificios de Bocagrande haciendo contraste entre lo antiguo y lo moderno.
El lugar es abierto, al aire libre, y no existe el concepto de un mal asiento, pues la vista desde cualquier parte del lugar es la misma: De un lado se observa el muy iluminado Puente Román, que conecta el Centro con la península de la Manga atravesando la Bahía de las Ánimas; a su derecha el impresionante y también muy bien iluminado Castillo de San Felipe, que pareciera más una pirámide azteca que una estructura colonial por descomunal aspecto de Teotihuacan; enfrente el Barrio de Getsemaní y el Centro de Convenciones; y al fondo, las cúpulas iluminadas de la Catedral, San Pedro Claver y muchas otras iglesias y estructuras, iluminación que magnifica el hecho de que la ciudad es patrimonio de la humanidad, por lo cual debe lucir sus mejores galas también durante la noche. Y si a eso le agregamos la deliciosa brisa marina, el solo hecho de estar al fresco, más el mobiliario minimalista, con sillones blancos y un DJ programando música del momento, definitivamente no había un mejor lugar para comenzar nuestra noche de rumba cartagenera.
La comida no fue muy impresionante que se diga, pero las cervezas caseras estaban espectaculares. La cena consistió en calamares y camarones empanizados, así como otros moluscos que aún no logro identificar. Pero aparentemente la especialidad del lugar son los wraps, algo cuyos comentarios les debo pues sinceramente no probé.
domingo, 23 de septiembre de 2007
La Isla del Encanto - Islas del Rosario
Finalmente llegamos al Paraíso! La Isla del Encanto! Desembarcamos en un muelle de madera que daba acceso a la isla y donde los guías nos llevaron hacia un claro frente a un pequeño y rústico hotel que estaba a disposición de aquellos que querían pernoctar en el maravilloso y turquesa Caribe. Y ahí nos dieron las indicaciones del caso… Teníamos hora y media para disfrutar de la playa o recibir un masaje, o tomar una cerveza o hacer lo que quisiéramos. Nos presentaron a la masajista, una morena de trenzas rasta que el guía declaró tenía las manos más suaves de toda Colombia. Y en hora y media tocarían una campana para los que quisiéramos ir al Acuario de las Islas del Rosario, para luego regresar al almuerzo buffet, descansar un rato más y luego salir de regreso hacia la ciudad de Cartagena. Muy buen plan si el objetivo es pasar el tiempo sin hacer nada más que disfrutar del ocio.
Muy obedientemente buscamos un sitio en la playa, debajo de unas palmeras, compartiendo el paraíso con otras 200 personas que habían llegado en las diversas lanchas huyendo de la aglomeración de la ciudad. Realmente el grupo era muy heterogéneo. Había gente de todos los estratos sociales, edades y género, gente muy atlética o muy descuidada, blancos, morenos, negros… Asiáticos si no vi.
Y bueno, tomamos unas sillas en la playa, nos aplicamos más bloqueador solar y no hicimos nada. Tal vez tomar un chapuzón de vez en cuando en las tranquilas aguas de la Costa caribeña. Suena fantástico no? Para los que me conocen bien, el mar me gusta para verlo, para navegarlo, para estar a sus orillas en un bar medio chill-out o en un restaurante, pero no para estar tirado sin hacer nada durante hora y media. Soy demasiado eléctrico para eso. Así que comencé a caminar y ver a toda la gente acampada en sus diversos puestos. Gente bonita, gente fea, familias con niños, grupos de jóvenes, familias con sus abuelos, y mucha gente hablando por celular diciendo: “Estamos en las Islas del Rosario”.
Por suerte, cuando me sentía ya como Robinson Crusoe, llegó viernes y tocó la campana! Hora de salir hacia el Acuario.
Y creo que esa fue la parte más interesante de toda la excursión.
El Oceanario, que es el verdadero nombre que le dan los locales (http://www.islasdelrosario.info/oceanario.html) quedaba a unos 20 minutos en un bote más pequeño, pero menos agitado (y por supuesto con los salvavidas azules comunales de rigor). Al llegar al hábitat que rodea al Acuario, me sentí transportado más hacia el Pacífico Sur que al Caribe colombiano. Habían islas e islotes de todos los tamaños, inclusive algunos que albergaban únicamente una casa. Y el agua azul turquesa profundo, combinado con muelles de madera con techos de palmera, daban la sensación de que nos iban a recibir con un collar de flores y un coco López en la mano.
Lo cierto es que nos recibieron decenas de vendedores ambulantes, que basta y sobra decir cuales eran los productos que promocionaban en ese momento, los cuales si se pasaban de largo, entraba uno directamente a ver una demostración de la vida marina de las islas, que consiste primordialmente de delfines, tiburones y tortugas marinas y de cualquier cantidad de peces tropicales. Cada especie estaba separada por una piscina natural diferente, de las cuales no se escapaban por tener una especie de enrejado acuático que les permitía vivir en su hábitat natural, pero al mismo tiempo entretener a los visitantes de tan admirable atracción.
Mis favoritos fueron los delfines, que hicieron toda clase de piruetas y que además habían nacido en cautiverio. En todas las demostraciones dieron de comer a la fauna marina para deleitar a chicos y grandes con sus explicaciones científicas y con la concientización de la limpieza de los mares. La demostración concluyó con la alimentación de los tiburones, a quienes se les puso el pescado en una pequeña tarima de madera sobre el agua lo cual los enloqueció y comenzaron a trepar unos encima de otros y pelearse por la comida, la cual se les había dispuesto en abundancia… Pero claro los tiburones son animales con cerebro pequeño.
Regresamos a la Isla del Encanto justo a la hora del buffet…
Los tiburones son animales con cerebro pequeño…
Pero eran más ordenados que los humanos tratando de alimentarse en la cola del buffet, el cual consistía mayormente en carbohidratos de todo tipo, pollo y algunos mariscos medio raquíticos. Una experiencia simplemente olvidable, pero que el cuerpo humano por su necesidad de alimentarse, y sobre todo ante la ausencia de cualquier otra opción en el medio de la nada, pues no quedaba más que hacer la cola y poner el plato para recibir una porción de comida.
Otra hora y media de playa! Y de regreso hacia la civilización. Los órganos internos me regresaron a su puesto ya que el bote se batió tanto o más que a la ida, la diferencia es que la gente se miraba mucho más alegre muy probablemente por el alcohol que habían tomado antes de ingresar a sus respectivas camisas de fuerza color azul… Ah no? Eran salvavidas?
Han visto cuando el Papa llega a tierras extranjeras, se baja del avión y besa tierra? Pues más o menos esa era la reacción que su servidor quería tener al llegar a tierra firme.
Me sentía sucio, sudado, arenoso, apestoso, desarrapado, con los pelos tiesos más parados por el viento, medio insolado, con una sed espantosa y a la propia hora del Happy Hour!
Pero no, en vez de ir a un bar, tomamos un taxi y nos fuimos directo al hotel, haciendo una pequeña parada técnica para poder reprochar a unos pobres promotores del Decameron (cuyo concepto es netamente colombiano) por engañar a los pobres consumidores por la calidad de sus servicios (OJO, Sandra trabaja en la Defensoría del Consumidor y yo a esa hora no tenía ánimos de estar escuchando explicaciones de cómo pasar de lo mejor mis vacaciones en el Paraíso).
No todo es tan malo como lo pinto. Solamente es cuestión de gustos.
Y bueno, mi teoría es que si en un viaje se tiene una experiencia no tan grata, el viaje se puede arreglar buscando experiencias gratas… Palos de Moguer, Café del Mar, El Coro Bar, Restaurante San Pedro… Son nombres que les dejaré por el momento para una próxima edición de cómo se rescató un fin de semana en el Paraíso, para lo que es un ciudadano del mundo netamente urbano y que aún no se sabe si es hippie o bohemio chic. La historia salió larga… Continuará….
Muy obedientemente buscamos un sitio en la playa, debajo de unas palmeras, compartiendo el paraíso con otras 200 personas que habían llegado en las diversas lanchas huyendo de la aglomeración de la ciudad. Realmente el grupo era muy heterogéneo. Había gente de todos los estratos sociales, edades y género, gente muy atlética o muy descuidada, blancos, morenos, negros… Asiáticos si no vi.
Y bueno, tomamos unas sillas en la playa, nos aplicamos más bloqueador solar y no hicimos nada. Tal vez tomar un chapuzón de vez en cuando en las tranquilas aguas de la Costa caribeña. Suena fantástico no? Para los que me conocen bien, el mar me gusta para verlo, para navegarlo, para estar a sus orillas en un bar medio chill-out o en un restaurante, pero no para estar tirado sin hacer nada durante hora y media. Soy demasiado eléctrico para eso. Así que comencé a caminar y ver a toda la gente acampada en sus diversos puestos. Gente bonita, gente fea, familias con niños, grupos de jóvenes, familias con sus abuelos, y mucha gente hablando por celular diciendo: “Estamos en las Islas del Rosario”.
Por suerte, cuando me sentía ya como Robinson Crusoe, llegó viernes y tocó la campana! Hora de salir hacia el Acuario.
Y creo que esa fue la parte más interesante de toda la excursión.
El Oceanario, que es el verdadero nombre que le dan los locales (http://www.islasdelrosario.info/oceanario.html) quedaba a unos 20 minutos en un bote más pequeño, pero menos agitado (y por supuesto con los salvavidas azules comunales de rigor). Al llegar al hábitat que rodea al Acuario, me sentí transportado más hacia el Pacífico Sur que al Caribe colombiano. Habían islas e islotes de todos los tamaños, inclusive algunos que albergaban únicamente una casa. Y el agua azul turquesa profundo, combinado con muelles de madera con techos de palmera, daban la sensación de que nos iban a recibir con un collar de flores y un coco López en la mano.
Lo cierto es que nos recibieron decenas de vendedores ambulantes, que basta y sobra decir cuales eran los productos que promocionaban en ese momento, los cuales si se pasaban de largo, entraba uno directamente a ver una demostración de la vida marina de las islas, que consiste primordialmente de delfines, tiburones y tortugas marinas y de cualquier cantidad de peces tropicales. Cada especie estaba separada por una piscina natural diferente, de las cuales no se escapaban por tener una especie de enrejado acuático que les permitía vivir en su hábitat natural, pero al mismo tiempo entretener a los visitantes de tan admirable atracción.
Mis favoritos fueron los delfines, que hicieron toda clase de piruetas y que además habían nacido en cautiverio. En todas las demostraciones dieron de comer a la fauna marina para deleitar a chicos y grandes con sus explicaciones científicas y con la concientización de la limpieza de los mares. La demostración concluyó con la alimentación de los tiburones, a quienes se les puso el pescado en una pequeña tarima de madera sobre el agua lo cual los enloqueció y comenzaron a trepar unos encima de otros y pelearse por la comida, la cual se les había dispuesto en abundancia… Pero claro los tiburones son animales con cerebro pequeño.
Regresamos a la Isla del Encanto justo a la hora del buffet…
Los tiburones son animales con cerebro pequeño…
Pero eran más ordenados que los humanos tratando de alimentarse en la cola del buffet, el cual consistía mayormente en carbohidratos de todo tipo, pollo y algunos mariscos medio raquíticos. Una experiencia simplemente olvidable, pero que el cuerpo humano por su necesidad de alimentarse, y sobre todo ante la ausencia de cualquier otra opción en el medio de la nada, pues no quedaba más que hacer la cola y poner el plato para recibir una porción de comida.
Otra hora y media de playa! Y de regreso hacia la civilización. Los órganos internos me regresaron a su puesto ya que el bote se batió tanto o más que a la ida, la diferencia es que la gente se miraba mucho más alegre muy probablemente por el alcohol que habían tomado antes de ingresar a sus respectivas camisas de fuerza color azul… Ah no? Eran salvavidas?
Han visto cuando el Papa llega a tierras extranjeras, se baja del avión y besa tierra? Pues más o menos esa era la reacción que su servidor quería tener al llegar a tierra firme.
Me sentía sucio, sudado, arenoso, apestoso, desarrapado, con los pelos tiesos más parados por el viento, medio insolado, con una sed espantosa y a la propia hora del Happy Hour!
Pero no, en vez de ir a un bar, tomamos un taxi y nos fuimos directo al hotel, haciendo una pequeña parada técnica para poder reprochar a unos pobres promotores del Decameron (cuyo concepto es netamente colombiano) por engañar a los pobres consumidores por la calidad de sus servicios (OJO, Sandra trabaja en la Defensoría del Consumidor y yo a esa hora no tenía ánimos de estar escuchando explicaciones de cómo pasar de lo mejor mis vacaciones en el Paraíso).
No todo es tan malo como lo pinto. Solamente es cuestión de gustos.
Y bueno, mi teoría es que si en un viaje se tiene una experiencia no tan grata, el viaje se puede arreglar buscando experiencias gratas… Palos de Moguer, Café del Mar, El Coro Bar, Restaurante San Pedro… Son nombres que les dejaré por el momento para una próxima edición de cómo se rescató un fin de semana en el Paraíso, para lo que es un ciudadano del mundo netamente urbano y que aún no se sabe si es hippie o bohemio chic. La historia salió larga… Continuará….
lunes, 27 de agosto de 2007
Camino hacia China
Voy ya casi en camino hacia China (Shanghai y Beijing), asi que no tendre acceso a mis notas por unos dias, pero espero poder cargar por lo menos algunas fotos para que las vean!
Regreso el 12 de septiembre!!!
Regreso el 12 de septiembre!!!
jueves, 23 de agosto de 2007
Las Islas del Rosario - Cartagena de Indias
Si? No? Bueno, conceptualicemos para definir lo que es una Trampa de Turistas: Es un producto o servicio, generalmente un restaurante, una atracción local o inclusive un itinerario completo cuya relación precio-calidad deja mucho que desear. O bien, es un precio barato, pero la calidad del producto es tan mala que el producto en sí no se disfruta?
Pues bien, en el Hotel Cartagena Millenium eso fue exactamente lo que nos vendieron para ir a las Islas del Rosario: Una trampa de Turistas, pero de las buenas! Y eso nos muestra que por más experimentado que sea un viajero, siempre podemos cometer el error de caer en ellas.
Tomemos en consideración que era Semana Santa y que la ciudad estaba a reventar con toda la clase media/media-alta colombiana y que además el hotel ha de tener convenios con ciertas empresas operadoras de turismo, añadiendo que Cartagena está destinada mayormente para recibir visitantes locales, que no serán tan exigentes como los europeos o los estadounidenses (uno de latino se conforma muchas veces, jaja). El resultado se llama: La Isla del Encanto.
Eso si. Se vendia el tour bajo la módica suma de 60 Dólares el día, con almuerzo incluido, precio que aún me debato si es barato o caro, pues depende de los estándares que cada uno aprecie en relación a servicios recibidos. Me imagino estaba en su precio justo. Uno recibe los servicios que se estan pagando.
Mi consejo es verificar con diversas empresas antes de tomar la decision de compra, comparar precios y verificar que es lo que incluye.
Para ir a las Islas del Rosario, se debe tomar un bote cuyo trayecto dura más o menos hora y media en altamar, pero es lo más parecido al Caribe que uno podría esperar. Las playas de Cartagena son de arena oscura, aguas no tan prístinas y con las comodidades que una playa de ciudad puede ofrecer. Pero claro, lo que queríamos eran playas vírgenes, arenas blancas, aguas turquesas y delfines! No habíamos invertido tanto tiempo de nuestras vidas para terminar en el Majahual de nuestro bello El Salvador!
Pero podemos decir que la rubia brasilera de la recepción del Cartagena Millenium nos vendió el tour a Islas del Rosario, y nosotros por comodidad pues tampoco quisimos averiguar más opciones. Comprarlo en el hotel era demasiado conveniente. Bueno, las vacaciones, sobre todo tan cortas, son para no pensar y para confiar en las recomendaciones del hotel. De todas formas la información acerca de Cartagena de Indias es Internet es muy poca y no tiene realmente detalles de cómo pasarla bien en un período de 4 días. Espero que este documento sirva para que futuros viajeros puedan disfrutar de tan bello paseo.
Y fue así que un viernes Santo (probablemente fue castigo divino caer en la trampa de turistas por estar paganeando en altamar en vez de estar en la procesión del Santo Entierro) pasaron de la empresa de turismo por Sandra y por mi a nuestro hotel. El medio de transporte: una chiva cartagenera!!! Para los que no conocen las chivas, son autobuses típicos en Colombia, muy coloridos, generalmente completamente abiertos al aire libre, con asientos de madera largos, que sirven para transportar pasajeros en dos opciones: diurna y nocturna. La nocturna tengo entendido que es la más alegre, ya que se convierte en un bus-discoteca, algunas de ellas con DJ, luces de colores y hasta bar abierto.
La diurna es simplemente para trasladar pasajeros de un lado a otro o para pasear por la ciudad.
Pues nuestra chiva diurna pasó sin contratiempos a la hora señalada. Éramos en total 7 pasajeros del Cartagena Millenium y el recorrido comenzaba en nuestro hotel. Teníamos que pasar por más pasajeros por más hoteles. Y la chiva arrancó sin problemas de ningún típico, en un día soleado, donde Sandra y yo llevábamos puesta nuestra ropa de baño, bloqueador solar, gafas de sol, toallas y pareos en un pequeño maletín y una gorra para no quemarnos la cabeza. La aventura comenzaba!
Pero la chiva no nos llevó muy lejos… En una zona de Bocagrande, llamada Castillo Grande, donde había más edificios de apartamentos que hoteles en sí, el conductor se detuvo en un alto y la chiva se apagó. Y no volvió a encender. La verdad es que no nos habíamos dado cuenta que la chiva estaba apagada, sencillamente pensamos que estaba esperando a algún pasajero. Pero cuando vimos que el conductor abría la compuerta del motor e intentaba vanamente encenderlo, escuchando el típico rugir de un motor ahogado, pues pensamos que el viaje sería cancelado pues faltaban como 15 minutos para que zarpara nuestro barco, y la opción de llegar a pie no era algo factible sobre todo al visualizar la estación de barcos situado al otro lado de la bahía desde donde estábamos.
No solo las aerolíneas reacomodan a sus pasajeros varados en tránsito…Tengo que admitir que la empresa de turismo contratada fue muy rapida y prestamente llamó dos taxis, enviandonos por nuestra cuenta a dilucidar en el Puerto a dónde tendríamos que abordar nuestra embarcación. Solo nos dijeron que preguntáramos por la Tour Operadora “Isla del Encanto” que no solo era el nombre de la isla privada donde nos iban a llevar, pero obviamente el nombre de la empresa con la que habíamos hecho el negocio.
No se si alguien en El Salvador ha estado alguna vez en la Terminal de Buses de Occidente… He visto terminales de buses muy ordenadas en el mundo, pero lamentablemente tendré que utilizar una Terminal en San Salvador como referencia. La Terminal en mi pais es caótica, con cualquier cantidad de gente intentando abordar los buses que ya salen hacia los diversos puntos del Occidente del país.
Pues la Terminal de Occidente podría ser una experiencia sencilla en comparación a lo que nos esperaba en el Puerto de Cartagena de Indias un día Viernes Santo. La cantidad de gente peleándose por entrar a sus respectivos barcos (primero ubicar a la tour operadora, luego ubicar el barco y por último abordarlo) era digna de cualquier Semana Santa en un destino de playa en Latinoamérica. Además a la entrada había una cantidad enorme de vendedores ambulantes con cualquier cantidad imaginable de productos: desde agua fría, pasando a ropa de baño, fruta fresca y estampitas de Cristo en la Cruz. En el Puerto descubrimos que había por lo menos diez empresas que daban el servicio hacia las Islas del Rosario, y en ese momento todas las empresas y todos los barcos estaban llenos. Es como que Cartagena entera salía en búsqueda del Tesoro perdido.
Ubicar a la “Isla del Encanto” en medio del caos no resultó tan complicado como creíamos. En el medio del caos, las empresas mantenían cierto orden para dirigir a los veraneantes hacia sus respectivos barcos. Nos acomodaron junto con otras personas bajo un toldo donde teníamos que esperar a que nos llamaran. En total seríamos como 30 personas los que subiríamos en ese barco, pero esa era una de las tantas tandas de gente que la Isla del Encanto llevaría ese día.
Tras una corta espera, comenzamos el proceso de abordaje… Los barcos (más bien lanchas con motor fuera de borda, olor a gasolina y uso de chalecos salvavidas obligatorios) tenían alrededor de 8 filas de asientos como para 4 o 5 personas cada una, y donde cada pasajero tenía que bajar agachado para no golpearse la cabeza con el muelle e inmediatamente ponerse un chaleco salvavidas color azul, con un olor a humedad innato y cuya primera duda que me asaltó es cuanta gente lo había utilizado antes, pues no tenía la menor impresión de alguna vez haber visto el sol y mucho menos detergente. Pero era eso o correr el riesgo de ahogarse en medio del océano si el bote era tan efectivo como la chiva de más temprano. ;-)
Todos a bordo! Amarras arriba! Hacia el horizonte! Y así partimos en nuestro crucero de lujo por el Caribe, disfrutando de la brisa del mar y el agua salina. Teníamos la Bahía a nuestro frente y los pequeños rascacielos iban haciéndose cada vez más pequeños en lo que nuestra grata cabalgata marina nos llevaba hacia el Paraíso terrenal… Pero dejemos la poesía a un lado, pues el grácil corcel llegó al límite entre la Bahía y el mar abierto en menos de media hora y sacó su motor fuera de borda… Y la paz terminó. Una hora… Una hora completa de camino en un bote el cual recibía el impacto de las olas de mar abierto, en unas bancas de madera donde todos los pasajeros rebotaban con el impacto de la lucha entre el motor y Poseidón… Mis órganos internos (después de aquella remada en bus de 4 horas de ida y 4 de regreso hacia Ica en el Perú) nuevamente se movieron de lugar, pues realmente no había forma de detenerse en esos asientos. Saltábamos en el interior de la embarcación de un lado hacia el otro y el viento nos golpeaba la cara, en medio de aquellos saltos tan abruptos que lo único que se podía hacer era quejarse del impacto. Ay! Ay! Jajajajaja! Una experiencia sumamente divertida y muy de aventura!
martes, 21 de agosto de 2007
Vida nocturna en Bocagrande, Cartagena de Indias
Y caminando alrededor del hotel descubrimos un restaurante llamado “Arabe Internacional”, donde nos dimos un festín de delicias del Medio Oriente (como en San Francisco) y al ritmo de una odalisca medio morena, que Sandra dijo que no parecía árabe si no que tenía cara de chibcha. Y tal vez Sandra no estaría tan alejada de la realidad, ya que la comunidad árabe (palestina, libanesa, etc.) llegó hace mucho a las costas caribeñas de Colombia, ubicándose más que todo en Cartagena, Barranquilla y Santa Marta… Y sus pobladores se mezclaron mucho con las locales, así que una bailarina chibcha bailando belly dancing no es tan descabellado como se oye.
Además caímos en un buen restaurante en Cartagena, ya que Antonio, un compañero de trabajo de la oficina de Bogotá (quien es Cartagenero y cuya casa de niñez está ubicada muy cerca de donde estaba nuestro hotel) nos comentó que el Arabe Internacional era de las instituciones de prestigio en la ciudad.
Tratamos de hacer un poco de vida nocturna, pero no les recomiendo ningún lugar en el área de Bocagrande y no se si era porque estábamos cansados, teníamos que madrugar o sencillamente ningún lugar llenaba las condiciones de lo que un Cabaret de Lujo o un Mai Thai local podrían llenar. Lo bueno de la noche era que el horripilante calor diurno se esconde en alguna parte y es sustituido por una agradable brisa marina que permite al ser humano disfrutar mucho más la noche y su vida.
Al final los seres humanos somos criaturas de la noche… No creen? Experiméntenlo algún día y será porque el león juzga por su condición, pero en vez de quedarse en su casa aburridos un fin de semana, dejen a sus parientes cuidando a los niños y vayan unas horitas al Mai Thai local!
Además caímos en un buen restaurante en Cartagena, ya que Antonio, un compañero de trabajo de la oficina de Bogotá (quien es Cartagenero y cuya casa de niñez está ubicada muy cerca de donde estaba nuestro hotel) nos comentó que el Arabe Internacional era de las instituciones de prestigio en la ciudad.
Tratamos de hacer un poco de vida nocturna, pero no les recomiendo ningún lugar en el área de Bocagrande y no se si era porque estábamos cansados, teníamos que madrugar o sencillamente ningún lugar llenaba las condiciones de lo que un Cabaret de Lujo o un Mai Thai local podrían llenar. Lo bueno de la noche era que el horripilante calor diurno se esconde en alguna parte y es sustituido por una agradable brisa marina que permite al ser humano disfrutar mucho más la noche y su vida.
Al final los seres humanos somos criaturas de la noche… No creen? Experiméntenlo algún día y será porque el león juzga por su condición, pero en vez de quedarse en su casa aburridos un fin de semana, dejen a sus parientes cuidando a los niños y vayan unas horitas al Mai Thai local!
martes, 14 de agosto de 2007
El Centro Historico de Cartagena de Indias
Esa primera tarde en Cartagena, después de refrescarnos en el baño y ponernos atuendos más veraniegos, entonces salimos hacia sus calles para tomar un taxi (los cuales todos tienen aire acondicionado) pedimos nos llevarán al Centro Histórico. Y en cuestión de 5 minutos estábamos caminando por las empedradas calles de la ciudad, recordando vidas pasadas llenas de piratas, inquisidores y toda la actividad de pescadores, marineros, y señoritas de su casa escoltadas por chaperonas.
Cartagena de Indias! Patrimonio de la Humanidad! Recorrimos sus calles a mediodía en punto, cuando el calor salía de las piedras y subía a través de las sandalias quemándonos los pies, pero ahí estábamos. Entramos a través de una calle principal que nos llevó a la Iglesia de San Pedro Claver, luego hacia la Catedral… En el camino, aparecieron cualquier cantidad de vendedores ambulantes, ofreciendo toda clase de prendas, desde sombreros de paja, a botellitas de agua, collares de conchas y hasta lentes de sol de imitación de todas las marcas imaginables… Sandra sucumbió a la insistencia de dichos vendedores, y ante mi prohibición de salir con una gorra de baseball, terminó comprando un sombrero de paja para aliviar un poco las inclemencias del sol.
Sudabamos como cerdos! Lo peor de todo es que se me había ocurrido que yo estaba demasiado blanco y por pura coquetería me había puesto una crema solar auto-bronceadora, y no se donde en el mundo se me ocurrió ponérmela para salir a caminar en ese sol y con una camiseta color celeste, la cual con el sudor comenzó a pintarse de cafés y anaranjados por todas partes. Eran escenas dignas de dos turistas locos que en vez de estar en la playa querían conocer la ciudad… Y fue así como caminando, caminando, llegamos a la Plaza Santo Domingo, con las pobres tripas de nuestro estómago chillando del hambre, pues ya casi eran las dos de la tarde. Uno no debe caminar al mediodía con hambre y bajo el sol, pues es propenso en caer en la primera “trampa de turistas” que se atraviese en el camino.
Cuál es la definición de una trampa de turistas? Para restaurantes o bares el término se aplica a un lugar donde la comida es cara y mala y la ambientación del lugar tiene vista de algún lugar histórico. Y fue así como en esa ocasión terminamos en el segundo piso de una casa antigua, en la terraza, viendo la Plaza de Santo Domingo en todo su esplendor, y comiendo un ceviche de pescado y una cerveza, por los cuales casi nos quedamos lavando los platos.
Después de engañar un poco el estómago, decidimos entonces visitar el Museo de la Inquisición. Para los que no lo saben, la sede de la colonia de la Santa Inquisición española estaba situada en Cartagena de Indias. Además el museo estaba a la sombra y algunos de los salones tenían aire acondicionado, aunque esto no significaba que el calor se aplacara. Así vimos diversas reproducciones de instrumentos utilizados en aquella época para torturar a la gente y sacar verdades a fuerza de garrotazos. No voy a entrar en detalle acerca de los instrumentos, pero si había una báscula que pesaba a las mujeres, las cuales si eran demasiado livianas pues podían ser acusadas de brujería, pues eso les permitía volar por los aires en sus escobas sin los problemas que el sobrepeso hubiese podido causarle a las jóvenes brujas.
La verdadera tortura la tenía la pobre Sandra, que después de estas caminatas, el calor y de haberme presentado sus fabulosos cómodos zapatos para caminar, pues terminó odiándolos y casi caminando descalza en las piedras calientes. No estuvo feliz hasta que no encontramos una tienda Puma, donde adquirió unas sandalias patas de gallo a precios europeos, pero le cambió el rostro inmediatamente, lo que nos permitió tomar un helado en Crepes and Waffles (http://www.crepesywaffles.com/) que sin entrar en detalle cuales son sus especialidades, es una cadena muy exitosa en toda Colombia y donde desde nuestro primer día en Bogotá habíamos admirado el sorprendente tamaño de sus helados, los cuales nos permitieron enfriar un poco el organismo.
Caminar y caminar, caminar y caminar, llegamos a las murallas de la ciudad y nuestros cuerpos se resistieron a dar un paso más, y un taxi salvador pasó en ese momento, llevándonos de nuevo a nuestro hotel para descansar y prepararnos para la noche. Además ese día no nos podíamos desvelar mucho, ya que habíamos adquirido un tour para el día siguiente a partir de las 7 de la mañana para ir a las Islas del Rosario, un viaje de hora y medio de camino en un bote de alta velocidad con motor fuera de borda.
Cartagena de Indias! Patrimonio de la Humanidad! Recorrimos sus calles a mediodía en punto, cuando el calor salía de las piedras y subía a través de las sandalias quemándonos los pies, pero ahí estábamos. Entramos a través de una calle principal que nos llevó a la Iglesia de San Pedro Claver, luego hacia la Catedral… En el camino, aparecieron cualquier cantidad de vendedores ambulantes, ofreciendo toda clase de prendas, desde sombreros de paja, a botellitas de agua, collares de conchas y hasta lentes de sol de imitación de todas las marcas imaginables… Sandra sucumbió a la insistencia de dichos vendedores, y ante mi prohibición de salir con una gorra de baseball, terminó comprando un sombrero de paja para aliviar un poco las inclemencias del sol.
Sudabamos como cerdos! Lo peor de todo es que se me había ocurrido que yo estaba demasiado blanco y por pura coquetería me había puesto una crema solar auto-bronceadora, y no se donde en el mundo se me ocurrió ponérmela para salir a caminar en ese sol y con una camiseta color celeste, la cual con el sudor comenzó a pintarse de cafés y anaranjados por todas partes. Eran escenas dignas de dos turistas locos que en vez de estar en la playa querían conocer la ciudad… Y fue así como caminando, caminando, llegamos a la Plaza Santo Domingo, con las pobres tripas de nuestro estómago chillando del hambre, pues ya casi eran las dos de la tarde. Uno no debe caminar al mediodía con hambre y bajo el sol, pues es propenso en caer en la primera “trampa de turistas” que se atraviese en el camino.
Cuál es la definición de una trampa de turistas? Para restaurantes o bares el término se aplica a un lugar donde la comida es cara y mala y la ambientación del lugar tiene vista de algún lugar histórico. Y fue así como en esa ocasión terminamos en el segundo piso de una casa antigua, en la terraza, viendo la Plaza de Santo Domingo en todo su esplendor, y comiendo un ceviche de pescado y una cerveza, por los cuales casi nos quedamos lavando los platos.
Después de engañar un poco el estómago, decidimos entonces visitar el Museo de la Inquisición. Para los que no lo saben, la sede de la colonia de la Santa Inquisición española estaba situada en Cartagena de Indias. Además el museo estaba a la sombra y algunos de los salones tenían aire acondicionado, aunque esto no significaba que el calor se aplacara. Así vimos diversas reproducciones de instrumentos utilizados en aquella época para torturar a la gente y sacar verdades a fuerza de garrotazos. No voy a entrar en detalle acerca de los instrumentos, pero si había una báscula que pesaba a las mujeres, las cuales si eran demasiado livianas pues podían ser acusadas de brujería, pues eso les permitía volar por los aires en sus escobas sin los problemas que el sobrepeso hubiese podido causarle a las jóvenes brujas.
La verdadera tortura la tenía la pobre Sandra, que después de estas caminatas, el calor y de haberme presentado sus fabulosos cómodos zapatos para caminar, pues terminó odiándolos y casi caminando descalza en las piedras calientes. No estuvo feliz hasta que no encontramos una tienda Puma, donde adquirió unas sandalias patas de gallo a precios europeos, pero le cambió el rostro inmediatamente, lo que nos permitió tomar un helado en Crepes and Waffles (http://www.crepesywaffles.com/) que sin entrar en detalle cuales son sus especialidades, es una cadena muy exitosa en toda Colombia y donde desde nuestro primer día en Bogotá habíamos admirado el sorprendente tamaño de sus helados, los cuales nos permitieron enfriar un poco el organismo.
Caminar y caminar, caminar y caminar, llegamos a las murallas de la ciudad y nuestros cuerpos se resistieron a dar un paso más, y un taxi salvador pasó en ese momento, llevándonos de nuevo a nuestro hotel para descansar y prepararnos para la noche. Además ese día no nos podíamos desvelar mucho, ya que habíamos adquirido un tour para el día siguiente a partir de las 7 de la mañana para ir a las Islas del Rosario, un viaje de hora y medio de camino en un bote de alta velocidad con motor fuera de borda.
domingo, 12 de agosto de 2007
Nuestra llegada a Cartagena de Indias
Heme acá en Bogotá, Colombia, con una laptop que aún no quiere pasar a mejor vida, escribiendo acerca de un viaje que tuvo lugar hace más de un mes. Pero lo prometido es deuda y no voy a decepcionar a los ávidos lectores que quieren conocer lugares a través de la maleta electrónica!
Y bueno, que más que estar en Colombia para continuar con un relato acerca de Colombia. Aunque el frío de Bogotá no inspira para escribir acerca de la calurosa Cartagena de Indias…. Aunque de el calor no me quejo… Bueno tal vez recientemente en San Salvador, que donde los 30 grados para arriba de temperatura que ha hecho durante las noches me ha llevado de pasar de “bohemio chic” a “hippie”. No se si sentirme insultado o morirme de la risa, pues es el calificativo que me adjuntaron el fin de semana pasado.
El calor en San Salvador ha llegado a tal extremo que me he revelado a no ponerme zapatos y he sacado sandalias que tenía hasta 4 años de no utilizar. Y el viernes pasado no fue la excepción, que después de una reunión en la casa de mi amigo Carlos (quien estaba celebrando con su hermano su independencia familiar) saliera hacia Mai Thai (uno de mis lugares favoritos en San Salvador) en búsqueda de un aire acondicionado que calmara un poco los calores corporales. Y fue en Mai Thai que me encontré a un amigo y su novia. La novia muy simpática, de unos 23 años de edad, y con quien intercambiamos unas pocas impresiones…. Pero solo le bastó como 5 minutos para que le dijera a su novio, que de dónde conocía a semejante hippie! Aún no se si fue una cuestión generacional o qué, pero de repente me visualizaron como alguien más interesado en como rescatar a las ballenas y no como un Director de Cuentas serio, el cual supuestamente aparento ser con mi traje y corbata.
Pero claro, estaba vestido con jeans, sandalias inspiradas más en Nueva Delhi que en los trópicos latinos, y con una camisa gris arrugada, que no era ni camisa ni camiseta… Sencillamente tiene cuello de camisa y 4 botones, pero luego se convierte en una versión hippie de la típica camisa al estilo Polo. Así que o me estoy convirtiendo en hippie en mis tiempos libres o la barba da la impresión de que no me importa nada en la vida…
Sea cual sea la respuesta, la verdad es que una de las cosas que más disfrute en Cartagena de Indias fue aquellas reglas tan específicas en el vestir: No existen. Es una playa. Nadie se preocupa si andas zapatos, sandalias o chanclas…. Un concepto que realmente para un clima tropical como El Salvador debería aplicar al 100%. Pero claro, en San Salvador la mayoría de la gente piensa todavía que es un crimen salir en sandalias. De hecho, mi amigo Samer, el hondureño, decía que hasta hace un par de años, en Tegucigalpa te veían con muy mala cara que salieras con sandalias, pues la percepción de las personas es que eras de las clases más necesitadas, pues no te alcanzaba el dinero ni para comprar zapatos! No se si esa percepción será cierta o no, pero la verdad es que es mal visto en algunas partes del mundo, a pesar de estar sometidos a calores infernales (peor aún bajo el concepto del Calentamiento Global, que dicen algunos líderes políticos que es algo que no existe).
Dichos cuestionamientos en el vestir no existen en Cartagena de Indias. De hecho, lo que más disfrute fue el hecho de no tener que utilizar zapatos ni calcetines, ni prendas calurosas durante mi estadía y poder ir a la fabulosa vida nocturna cartagenera como en los tiempos de la antigua Roma. Ese concepto de un vestir urbano, pero al mismo tiempo de playa, donde los colores blancos, rosados y naranjas, juntamente con sandalias, camisas sin mangas y pantalones cortos prevalecen, es el concepto que deberían tener algunos lugares en San Salvador, donde en aquellos días de calor la gente parece desfallecer bajo toda la etiqueta rigorosa que en nuestros días se considera como vestimenta aceptable.
Vestimenta que tuvimos que utilizar con Sandra cuando embarcamos nuestro avión a través del fabuloso Puente Aéreo de Avianca en Bogotá (es decir su Terminal de vuelos domésticos, la cual me impresionó mucho pues tenían acceso gratuito Wireless a Internet y conexiones gratis a tomas de electricidad en masa para cargar tu celular, IPOD, computador, Blackberry o cualquiera de los famosos equipos electrónicos portátiles que de todas formas uno tiene que apagar cuando el avión va a despegar), vestimenta más motivada por el frío que por la sociedad bogotana, que de todas formas no nos conoce. Al salir de Bogotá llevábamos ropa casi invernal, en capas, las cuales nos tuvimos que quitar poco a poco, pues al bajarnos del avión en Cartagena, el calor te golpeaba directamente como una advertencia a que se debe ser humilde al recordar aquellos tiempos de la humanidad donde no existían los zapatos.
Con nuestras gruesas prendas en la mano, tomamos un taxi hacia el hotel Cartagena Millenium, (http://www.hotelcartagenamillennium.com/index.htm) en el corazón de Bocagrande, una de las zonas turísticas más importantes de la ciudad. Estabamos a una cuadra de la playa, aunque la playa no es lo que uno se espera para el Caribe colombiano: arena negra y claro atestado de tanta gente que no se podía ni caminar.
Habíamos descubierto el hotel a través de la Revista Conde Nast Traveller, en su edición de febrero y la verdad para ser la temporada alta de Semana Santa, tenía el incomparable precio de US $150.00 la noche, desayuno incluido. Claro que el hotel era más al estilo de South Beach en Miami que lo que una Cartagena colonia del centro histórico nos hubiese podido ofrecer. Eso si, el hotel era sumamente desorganizado, lo cual me dejaba pensando que era una norma de los hoteles colombianos después de nuestra experiencia en el Casa Dan Carlton.
La decoración del hotel era impecable y medio minimalista. El lobby tenía unos cubos otomanos de color blanco con una pared al fondo de un color azul intenso, el cual tenía una fuente de agua que caía desde el techo haciendo que toda la pared llorase, refrescando el ambiente del lugar. La chica de recepción era una brasileira que apenas hablaba el español, y que estaba tan despreocupada de la atención al cliente como uno puede esperar de un destino de playa y a un precio categoría turista.
Y de todas formas no nos podemos quejar, pues la habitación del hotel era relativamente grande, impecablemente decorada al estilo minimalista y tenía el tema de cuadros que prevalecía en todo el hotel, que eran una especia de caricaturas de personificaciones de gente “chic”, muy a la moda, haciendo actividades muy poco productivas y más bien modelando un estilo de vida moderno que las empresas de publicidad están tratando de vendernos desde hace un par de años (que a mi criterio lo único que han hecho es copiar un poco del glamour de antaño y lo tratan de vender como nuevo). La noticia de que teníamos vista hacia el mar se vio empañada cuando nos dimos cuenta que si, efectivamente se veía el mar, pero a través del lote baldío donde aparcaban autobuses durante ciertas horas del día.
La habitación no estaba nada mal. Lo único raro que tenía era el cuarto de baño, pues al parecer era un hotel orientado más a parejas que a amigos, y a la par de la ducha tenía una pared de cubos de cristal, que no solo permitía que entrara la luz a través de las ventanas del cuarto, pero que también permitía que el que se estaba bañando no dejara su cuerpo a la imaginación del que estuviese cómodamente viendo televisión en la habitación principal.
Así que con Sandra, a pesar que tenemos confianza de muchos años, y como guardamos aún algún grado de pudor (y considerando que ambos somos blancos y no queríamos vernos las nalgas “cheles” a través de los cristales) pues decidimos que el que no se estaba bañando se iría en ese momento a la imaginativa piscina (que tenía más la forma de aquellas fuentes a desnivel que tanto se popularizaron en la década de los sesentas), donde bajo techo en el pequeño lobby bar del hotel podíamos ingresar gratuitamente a una conexión wireless a Internet.
Pero claro, estaba vestido con jeans, sandalias inspiradas más en Nueva Delhi que en los trópicos latinos, y con una camisa gris arrugada, que no era ni camisa ni camiseta… Sencillamente tiene cuello de camisa y 4 botones, pero luego se convierte en una versión hippie de la típica camisa al estilo Polo. Así que o me estoy convirtiendo en hippie en mis tiempos libres o la barba da la impresión de que no me importa nada en la vida…
Sea cual sea la respuesta, la verdad es que una de las cosas que más disfrute en Cartagena de Indias fue aquellas reglas tan específicas en el vestir: No existen. Es una playa. Nadie se preocupa si andas zapatos, sandalias o chanclas…. Un concepto que realmente para un clima tropical como El Salvador debería aplicar al 100%. Pero claro, en San Salvador la mayoría de la gente piensa todavía que es un crimen salir en sandalias. De hecho, mi amigo Samer, el hondureño, decía que hasta hace un par de años, en Tegucigalpa te veían con muy mala cara que salieras con sandalias, pues la percepción de las personas es que eras de las clases más necesitadas, pues no te alcanzaba el dinero ni para comprar zapatos! No se si esa percepción será cierta o no, pero la verdad es que es mal visto en algunas partes del mundo, a pesar de estar sometidos a calores infernales (peor aún bajo el concepto del Calentamiento Global, que dicen algunos líderes políticos que es algo que no existe).
Dichos cuestionamientos en el vestir no existen en Cartagena de Indias. De hecho, lo que más disfrute fue el hecho de no tener que utilizar zapatos ni calcetines, ni prendas calurosas durante mi estadía y poder ir a la fabulosa vida nocturna cartagenera como en los tiempos de la antigua Roma. Ese concepto de un vestir urbano, pero al mismo tiempo de playa, donde los colores blancos, rosados y naranjas, juntamente con sandalias, camisas sin mangas y pantalones cortos prevalecen, es el concepto que deberían tener algunos lugares en San Salvador, donde en aquellos días de calor la gente parece desfallecer bajo toda la etiqueta rigorosa que en nuestros días se considera como vestimenta aceptable.
Vestimenta que tuvimos que utilizar con Sandra cuando embarcamos nuestro avión a través del fabuloso Puente Aéreo de Avianca en Bogotá (es decir su Terminal de vuelos domésticos, la cual me impresionó mucho pues tenían acceso gratuito Wireless a Internet y conexiones gratis a tomas de electricidad en masa para cargar tu celular, IPOD, computador, Blackberry o cualquiera de los famosos equipos electrónicos portátiles que de todas formas uno tiene que apagar cuando el avión va a despegar), vestimenta más motivada por el frío que por la sociedad bogotana, que de todas formas no nos conoce. Al salir de Bogotá llevábamos ropa casi invernal, en capas, las cuales nos tuvimos que quitar poco a poco, pues al bajarnos del avión en Cartagena, el calor te golpeaba directamente como una advertencia a que se debe ser humilde al recordar aquellos tiempos de la humanidad donde no existían los zapatos.
Con nuestras gruesas prendas en la mano, tomamos un taxi hacia el hotel Cartagena Millenium, (http://www.hotelcartagenamillennium.com/index.htm) en el corazón de Bocagrande, una de las zonas turísticas más importantes de la ciudad. Estabamos a una cuadra de la playa, aunque la playa no es lo que uno se espera para el Caribe colombiano: arena negra y claro atestado de tanta gente que no se podía ni caminar.
Habíamos descubierto el hotel a través de la Revista Conde Nast Traveller, en su edición de febrero y la verdad para ser la temporada alta de Semana Santa, tenía el incomparable precio de US $150.00 la noche, desayuno incluido. Claro que el hotel era más al estilo de South Beach en Miami que lo que una Cartagena colonia del centro histórico nos hubiese podido ofrecer. Eso si, el hotel era sumamente desorganizado, lo cual me dejaba pensando que era una norma de los hoteles colombianos después de nuestra experiencia en el Casa Dan Carlton.
La decoración del hotel era impecable y medio minimalista. El lobby tenía unos cubos otomanos de color blanco con una pared al fondo de un color azul intenso, el cual tenía una fuente de agua que caía desde el techo haciendo que toda la pared llorase, refrescando el ambiente del lugar. La chica de recepción era una brasileira que apenas hablaba el español, y que estaba tan despreocupada de la atención al cliente como uno puede esperar de un destino de playa y a un precio categoría turista.
Y de todas formas no nos podemos quejar, pues la habitación del hotel era relativamente grande, impecablemente decorada al estilo minimalista y tenía el tema de cuadros que prevalecía en todo el hotel, que eran una especia de caricaturas de personificaciones de gente “chic”, muy a la moda, haciendo actividades muy poco productivas y más bien modelando un estilo de vida moderno que las empresas de publicidad están tratando de vendernos desde hace un par de años (que a mi criterio lo único que han hecho es copiar un poco del glamour de antaño y lo tratan de vender como nuevo). La noticia de que teníamos vista hacia el mar se vio empañada cuando nos dimos cuenta que si, efectivamente se veía el mar, pero a través del lote baldío donde aparcaban autobuses durante ciertas horas del día.
La habitación no estaba nada mal. Lo único raro que tenía era el cuarto de baño, pues al parecer era un hotel orientado más a parejas que a amigos, y a la par de la ducha tenía una pared de cubos de cristal, que no solo permitía que entrara la luz a través de las ventanas del cuarto, pero que también permitía que el que se estaba bañando no dejara su cuerpo a la imaginación del que estuviese cómodamente viendo televisión en la habitación principal.
Así que con Sandra, a pesar que tenemos confianza de muchos años, y como guardamos aún algún grado de pudor (y considerando que ambos somos blancos y no queríamos vernos las nalgas “cheles” a través de los cristales) pues decidimos que el que no se estaba bañando se iría en ese momento a la imaginativa piscina (que tenía más la forma de aquellas fuentes a desnivel que tanto se popularizaron en la década de los sesentas), donde bajo techo en el pequeño lobby bar del hotel podíamos ingresar gratuitamente a una conexión wireless a Internet.
domingo, 5 de agosto de 2007
De rumba por Usaquen y otra vez el Parque de la 93
Bogotá es una ciudad fresca, aunque para los que somos del trópico, el verdadero concepto es que es una ciudad fría. Durante nuestra primera noche llegó como a 8 Grados Centígrados, y hasta humo sacábamos por la boca, como un efecto típico de un clima invernal.
En el 98 o 99 recuerdo que con Ximena y otra gente de la oficina de Bogotá, nos llevaron a Usaquén y lo que se me quedó grabado fue un vino caliente que había tomado en un restaurante del lugar… Y cuando digo vino caliente, me refiero a un vino tinto, el cual calientan en una hornilla, le ponen un poco de brandy o de otro licor espirituoso de los que usan los perros San Bernardo, y lo sirven prácticamente hirviendo! Es una experiencia espectacular si el frío nos rodea… Por favor no prueben esto si su casa está ubicada en San Salvador o similares!
Mi misión en Usaquén? Buscar el lugar del vino caliente.
No me costó dar… Usaquén tiene un parque central, y enfrente está la Iglesia de Usaquén, y en una esquina, el restaurante donde había tomado el vino caliente en el 98 o 99. Su nombre? Restaurante Tinaja y Tizón….Su especialidad: comida colombiana.
Como una cosa rara… He tratado de acordarme de cuales son las especialidades de la comida colombiana, y me imagino que me pareció muy habitual o parecida al resto de Latinoamérica (exceptuando Perú por supuesto!) pues no recuerdo nada en especial. Recuerdo el nombre de la Bandeja Paisa, pero eso definitivamente no lo comí, solo recuerdo el nombre. En el restaurante, con Sandra pedimos un plato de entremeses variados, y lo que si recuerdo que venía eran unas arepas, las cuales me sorprendieron, pues para mí las arepas son venezolanas y tienen mejor sabor que sus primas las colombianas. Así que de la vida culinaria colombiana no podré dar mayor revista, pues a lo mejor no encontré algo típico que fuera memorable. El vino caliente si lo fue!
Luego de la cena, decidimos con Sandra caminar un rato alrededor del pueblo y descubrir algún barcito para continuar un poco nuestra gira nocturna… Usaquén tiene muchos sitios pequeños y bohemios. Me sentía sumamente identificado con el lugar. Además hay varias personas que reciente y no tan recientemente han descrito mi estilo como “bohemio chic”. No se como explicar el concepto, pero ante la visión de estas personas, me gusta la vida nocturna en todos sus aspectos (desde lo más espectacular a lo más sencillo), pero que siempre anda bien arregladito, aunque gustando mucho de lugares como el que encontramos con Sandra: El Cantabar.
En El Cantabar, tenían CRM del básico en la entrada… Íbamos cruzando la esquina, y en la entrada del Bar estaba un tipo entusiasmando a todo el que pasaba: "Tenemos música en vivo, interpretada por un cubano que toca salsa, cumbia, merengue, ballenato y rock en español, no tenemos cover y tenemos espacio adentro." Un discurso muy convincente para no estar dando tantas vueltas por las desiertas calles de Usaquén.
El Cantabar era pequeño. Casi como un agujero en la pared. Pero quedamos ubicados justo enfrente de la tarima, que era tan pequeña que la puerta del baño de las mujeres que estaba a un costado, pegaba con las rodillas del artista cada vez que una de las chicas entraba o salía. Además estaba atestada de instrumentos musicales: batería, guitarra eléctrica y hasta timbales.
El lugar estaba además lleno de locales, de hecho tuvimos suerte de encontrar esos asientos, justo enfrente del artista.
Eso si, el artista no estaba tocando cuando nosotros entramos. Más bien la gente se distraía con televisores estratégicamente situados y que pasaban escenas de Fashion.TV y de algunos desfiles de moda de Dolce & Gabanna y Carolina Herrera.
Al rato salió el artista… Y la verdad no salió de ninguna parte. Estaba a nuestro costado sentado en la barra, y solo se desplazó hacia la micro tarima con cerveza en mano y comenzó a tocar música de los Enanitos Verdes. Y fue ahí que comprendí que yo estaba pintado en la escena… Pues estaba sentado a la par de Sandra, y el cantante cubano pasó toda la noche tirándole los perros grueso con miradas coquetas y hasta dedicatorias no anunciadas. Claro, Sandra estaba con el ego por los aires, pero a mi no me parecía gracioso estar de candelabro de mesa a la par de ella. Y si yo hubiese sido el marido de Sandra? Bueno, como no lo era, voy a cortar la escena de celos en este momento. De hecho me pareció gracioso que mi amiga encontrará un admirador tan rápido en un lugar donde el humo de cigarro y ballenatos desconocidos fueran el ambiente del momento.
De lo bohemio pasamos a lo chic… Un taxi hacia el Parque de la 93. Y esta vez no llovía. Eran las 1130PM y queríamos tomarnos la del zarpe… Y como ya había tenido mi cuota de bohemio por esa noche, necesitaba mi cuota de chic… Y terminamos en otro lugar donde me sentí sumamente identificado por su nombre: “The Beer Lounge”.
Como consumidor activo de la cerveza, y fiel admirador de los bares tipo “lounge”, donde generalmente tienen música electrónica Chill-Out (tema de conversación de la próxima entrega), pues solo por el nombre, entramos al lugar, y nos sentamos a la par de una pared cuyo concepto era como hojas de la naturaleza pegadas detrás de un plástico transparente opaco, iluminado en colores tenues, creando una sensación de naturaleza electrónica. Una Heineken para mi, un agua mineral para Sandra. Y listo, no podíamos abusar de la noche en Bogotá, pues nuestro avión salía hacia Cartagena alrededor de las 0930 de la mañana.
Así que caminamos lentamente hacia el Hotel desde el Parque de la 93 (solo son 5 cuadras) y nos dispusimos a empacar y ordenar todo para salir con destino hacia los trópicos!
Pero bueno, según mi criterio, dos días en Bogotá se podían resumir en unas cuantas líneas pues no era tan interesante… Pero creo que tendré que corregirme, como una Fe de Erratas, pues Bogotá si es una ciudad sumamente interesante, muy activa, muy llena de vida y de rumba, todos los días de la semana… Pero a Walter Avila no le gusta el frío, o más bien, el frío lo pone como abuelo, con ganas de dormir… La aburrida no es Bogotá. Y ahora resulta que el aburrido soy yo!
Qué esperan? Salgan de su casa y vivan… Hay un mundo allá afuera que los está esperando. Aburrido? Ja!
En el 98 o 99 recuerdo que con Ximena y otra gente de la oficina de Bogotá, nos llevaron a Usaquén y lo que se me quedó grabado fue un vino caliente que había tomado en un restaurante del lugar… Y cuando digo vino caliente, me refiero a un vino tinto, el cual calientan en una hornilla, le ponen un poco de brandy o de otro licor espirituoso de los que usan los perros San Bernardo, y lo sirven prácticamente hirviendo! Es una experiencia espectacular si el frío nos rodea… Por favor no prueben esto si su casa está ubicada en San Salvador o similares!
Mi misión en Usaquén? Buscar el lugar del vino caliente.
No me costó dar… Usaquén tiene un parque central, y enfrente está la Iglesia de Usaquén, y en una esquina, el restaurante donde había tomado el vino caliente en el 98 o 99. Su nombre? Restaurante Tinaja y Tizón….Su especialidad: comida colombiana.
Como una cosa rara… He tratado de acordarme de cuales son las especialidades de la comida colombiana, y me imagino que me pareció muy habitual o parecida al resto de Latinoamérica (exceptuando Perú por supuesto!) pues no recuerdo nada en especial. Recuerdo el nombre de la Bandeja Paisa, pero eso definitivamente no lo comí, solo recuerdo el nombre. En el restaurante, con Sandra pedimos un plato de entremeses variados, y lo que si recuerdo que venía eran unas arepas, las cuales me sorprendieron, pues para mí las arepas son venezolanas y tienen mejor sabor que sus primas las colombianas. Así que de la vida culinaria colombiana no podré dar mayor revista, pues a lo mejor no encontré algo típico que fuera memorable. El vino caliente si lo fue!
Luego de la cena, decidimos con Sandra caminar un rato alrededor del pueblo y descubrir algún barcito para continuar un poco nuestra gira nocturna… Usaquén tiene muchos sitios pequeños y bohemios. Me sentía sumamente identificado con el lugar. Además hay varias personas que reciente y no tan recientemente han descrito mi estilo como “bohemio chic”. No se como explicar el concepto, pero ante la visión de estas personas, me gusta la vida nocturna en todos sus aspectos (desde lo más espectacular a lo más sencillo), pero que siempre anda bien arregladito, aunque gustando mucho de lugares como el que encontramos con Sandra: El Cantabar.
En El Cantabar, tenían CRM del básico en la entrada… Íbamos cruzando la esquina, y en la entrada del Bar estaba un tipo entusiasmando a todo el que pasaba: "Tenemos música en vivo, interpretada por un cubano que toca salsa, cumbia, merengue, ballenato y rock en español, no tenemos cover y tenemos espacio adentro." Un discurso muy convincente para no estar dando tantas vueltas por las desiertas calles de Usaquén.
El Cantabar era pequeño. Casi como un agujero en la pared. Pero quedamos ubicados justo enfrente de la tarima, que era tan pequeña que la puerta del baño de las mujeres que estaba a un costado, pegaba con las rodillas del artista cada vez que una de las chicas entraba o salía. Además estaba atestada de instrumentos musicales: batería, guitarra eléctrica y hasta timbales.
El lugar estaba además lleno de locales, de hecho tuvimos suerte de encontrar esos asientos, justo enfrente del artista.
Eso si, el artista no estaba tocando cuando nosotros entramos. Más bien la gente se distraía con televisores estratégicamente situados y que pasaban escenas de Fashion.TV y de algunos desfiles de moda de Dolce & Gabanna y Carolina Herrera.
Al rato salió el artista… Y la verdad no salió de ninguna parte. Estaba a nuestro costado sentado en la barra, y solo se desplazó hacia la micro tarima con cerveza en mano y comenzó a tocar música de los Enanitos Verdes. Y fue ahí que comprendí que yo estaba pintado en la escena… Pues estaba sentado a la par de Sandra, y el cantante cubano pasó toda la noche tirándole los perros grueso con miradas coquetas y hasta dedicatorias no anunciadas. Claro, Sandra estaba con el ego por los aires, pero a mi no me parecía gracioso estar de candelabro de mesa a la par de ella. Y si yo hubiese sido el marido de Sandra? Bueno, como no lo era, voy a cortar la escena de celos en este momento. De hecho me pareció gracioso que mi amiga encontrará un admirador tan rápido en un lugar donde el humo de cigarro y ballenatos desconocidos fueran el ambiente del momento.
De lo bohemio pasamos a lo chic… Un taxi hacia el Parque de la 93. Y esta vez no llovía. Eran las 1130PM y queríamos tomarnos la del zarpe… Y como ya había tenido mi cuota de bohemio por esa noche, necesitaba mi cuota de chic… Y terminamos en otro lugar donde me sentí sumamente identificado por su nombre: “The Beer Lounge”.
Como consumidor activo de la cerveza, y fiel admirador de los bares tipo “lounge”, donde generalmente tienen música electrónica Chill-Out (tema de conversación de la próxima entrega), pues solo por el nombre, entramos al lugar, y nos sentamos a la par de una pared cuyo concepto era como hojas de la naturaleza pegadas detrás de un plástico transparente opaco, iluminado en colores tenues, creando una sensación de naturaleza electrónica. Una Heineken para mi, un agua mineral para Sandra. Y listo, no podíamos abusar de la noche en Bogotá, pues nuestro avión salía hacia Cartagena alrededor de las 0930 de la mañana.
Así que caminamos lentamente hacia el Hotel desde el Parque de la 93 (solo son 5 cuadras) y nos dispusimos a empacar y ordenar todo para salir con destino hacia los trópicos!
Pero bueno, según mi criterio, dos días en Bogotá se podían resumir en unas cuantas líneas pues no era tan interesante… Pero creo que tendré que corregirme, como una Fe de Erratas, pues Bogotá si es una ciudad sumamente interesante, muy activa, muy llena de vida y de rumba, todos los días de la semana… Pero a Walter Avila no le gusta el frío, o más bien, el frío lo pone como abuelo, con ganas de dormir… La aburrida no es Bogotá. Y ahora resulta que el aburrido soy yo!
Qué esperan? Salgan de su casa y vivan… Hay un mundo allá afuera que los está esperando. Aburrido? Ja!
jueves, 2 de agosto de 2007
La computadora enferma y El Transmilenio de Bogota
Alguna vez han trabajado desde una computadora que tiene contados los días de vida? Uno aprende a quererla y a apreciarla más en cada momento que pasa contigo y que muy noblemente te acompaña en tu diario vivir. Es como disfrutar a nuestros seres queridos en lo que nos acompañan por el crucero de la vida!Ay no! Este Walter nuevamente con su filosofía barata!
Bueno, mi computadora ha estado agonizando lentamente desde mi regreso de Roma, y en cualquier momento va a pasar a mejor vida. Si hay un cielo de computadoras, esperaría que se fuera para allá (OK, OK, no juzguen a una computadora por su dueño!)
Recuerdo que a la laptop de Simone, mi compañera de trabajo de Brasil, cuando estábamos en la Conferencia de San Francisco presentó los mismos síntomas que la mía y un día ya no encendió del todo! La autopsia? Se le arruinó el disco duro!!! Nada más y nada menos! Los síntomas? A veces enciende y a veces no.
Así que mi pobre compañera de viajes esta muriendo lentamente como dice Timbiriche!
Por suerte mi jefe sabe que necesito la información y me autorizó comprar un disco duro externo, que muy gallardamente está a la par de la moribunda como si fuera el suero en el hospital. Pero mejor que el suero, pues ya todos mis archivos, fotografías, canciones, programas y correo electrónico, están radicando en el aparato salvador.
Lo más extraño de todo es que no se si morirá por los síntomas presentados o por sobre-calentamiento, ya que desde su último ataque el miércoles pasado, no la he vuelto a apagar! Me da miedo que no pueda volverla a encender y con el proyecto que estoy llevando ahora, no puedo darme el lujo de quedarme un día sin ella.
A propósito, muchas gracias a todos los que me enviaron contactos para rentar una laptop! Ustedes son muy eficientes! Lamentablemente los que rentan laptops no lo son… Hasta el momento nadie me ha podido dar una cotización concreta.
Así que tengo una laptop moribunda, conectada a un disco duro externo, con una laptop nueva en camino, una orden de reparación en proceso y una dulce espera para la cotización de una de alquiler… Y todo esto tiene que resolverse antes del viernes, pues el domingo por la mañana tengo que apagar la computadora para poder subirme a un avión (realmente será verdad que los aparatos electrónicos emiten señales que atentan contra la vida de todos los pasajeros?, bueno no quiero investigarlo con la práctica, solo avísenme si alguien conoce la respuesta)
Qué, qué? Si otra vez de viaje. De nuevo hacia Bogotá, que es el tópico interrumpido y de suspenso de las últimas dos semanas… Por algún motivo la inspiración por Colombia no me anima tanto como San Francisco, pero mi compromiso es llevarlos por la maleta electrónica, así que prosigamos la historia:
Apenas vamos por miércoles Santo y aún ni siquiera hemos llegado a Cartagena de Indias! Se me está alargando el relato con tanto detalle de por medio. Pero si a alguien se le cruza los cables algún día y quiere pasar por Colombia, por lo menos tendrá información de qué hacer y dónde ir… Y sobre todo como movilizarse por la ciudad: taxis… Es uno de los lugares del mundo donde son más baratos, considerando que las distancias de desplazamiento entre un lugar u otro son muy cortas. Las carreras promedio pueden oscilar entre los 3 y 6 dólares. En Roma cualquier carrera insignificante salía por lo menos 20 Euros, así que en Bogotá no tienen por qué caminar, a menos que sea para pasear por el Centro Histórico.
Aunque existe también un transporte público que revolucionó la Ciudad de Bogotá. Su nombre: el TransMilenio (http://www.transmilenio.gov.co/nuevapagina/index.htm).
Qué tiene de novedoso? En vez de excavar por meses o años enteros para hacer un Metro Subterráneo o similar, un alcalde bogotano de origen europeo rediseñó el sistema de transporte urbano de buses. Creó una extensa red por toda la ciudad, con carriles especiales para buses de los largos, que están unidos en el medio por una especie de oruga y con estaciones específicas, muy iluminadas, seguras y más parecidas a estaciones de Metro que a paradas de autobús. Los únicos que pueden circular por esos carriles especiales son los buses del TransMilenio.
El resultado? Una ciudad muy ordenada en su tráfico.
Yo recuerdo la primera vez que visité Bogotá en el 98 o 99, el caos vehicular me pareció algo fuera de este mundo. Se podía pasar fácilmente una hora dentro de un auto, sin que este se moviera ni una pulgada en su camino. Aparentemente todos los cambios que hicieron al sistema vehicular (incluyendo Pico y Placa, que no permite circular a algunos autos en días específicos, y re-direccionamiento de carriles en horas pico, más la creación del TransMilenio) transformó la experiencia de viajar por la ciudad.
Algo así necesitamos en San Salvador, para que la competencia de alta velocidad y pelea de pasajeros que mantienen el caos y el terror en toda la ciudad, termine de una vez por toda y comencemos a vivir en una ciudad ordenada. Tal vez seré un soñador, pero Bogotá ha demostrado que se puede. Claro, no puedo comparar una ciudad tan educada como Bogotá con los pleitos de machete e insultos de los jíbaros de mi tierra!
Bueno, el caso es que si quieren pueden probar el TransMilenio, pero no vale la pena si llevan dólares, euros, yenes o libras esterlinas, pues los taxis son muy baratos y es un transporte de punto A a punto B. Así nos transportamos con Sandra en nuestra estadía por Colombia… Y esa noche de miércoles Santo no fue la excepción, y aunque Lucho, el amigo de Sandra nos llevó a Usaquén para que pudiésemos cenar, claro al regreso tomamos varios taxis para nuestro recorrido urbano.
Qué tiene de novedoso? En vez de excavar por meses o años enteros para hacer un Metro Subterráneo o similar, un alcalde bogotano de origen europeo rediseñó el sistema de transporte urbano de buses. Creó una extensa red por toda la ciudad, con carriles especiales para buses de los largos, que están unidos en el medio por una especie de oruga y con estaciones específicas, muy iluminadas, seguras y más parecidas a estaciones de Metro que a paradas de autobús. Los únicos que pueden circular por esos carriles especiales son los buses del TransMilenio.
El resultado? Una ciudad muy ordenada en su tráfico.
Yo recuerdo la primera vez que visité Bogotá en el 98 o 99, el caos vehicular me pareció algo fuera de este mundo. Se podía pasar fácilmente una hora dentro de un auto, sin que este se moviera ni una pulgada en su camino. Aparentemente todos los cambios que hicieron al sistema vehicular (incluyendo Pico y Placa, que no permite circular a algunos autos en días específicos, y re-direccionamiento de carriles en horas pico, más la creación del TransMilenio) transformó la experiencia de viajar por la ciudad.
Algo así necesitamos en San Salvador, para que la competencia de alta velocidad y pelea de pasajeros que mantienen el caos y el terror en toda la ciudad, termine de una vez por toda y comencemos a vivir en una ciudad ordenada. Tal vez seré un soñador, pero Bogotá ha demostrado que se puede. Claro, no puedo comparar una ciudad tan educada como Bogotá con los pleitos de machete e insultos de los jíbaros de mi tierra!
Bueno, el caso es que si quieren pueden probar el TransMilenio, pero no vale la pena si llevan dólares, euros, yenes o libras esterlinas, pues los taxis son muy baratos y es un transporte de punto A a punto B. Así nos transportamos con Sandra en nuestra estadía por Colombia… Y esa noche de miércoles Santo no fue la excepción, y aunque Lucho, el amigo de Sandra nos llevó a Usaquén para que pudiésemos cenar, claro al regreso tomamos varios taxis para nuestro recorrido urbano.
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